3 personas, 3 puntos geográficos
favoritos de Ecuador

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Portada: Fernando Sarmiento

¿Son de los que suelen buscar lugares favoritos en la ciudad (o en sus afueras)? No le crean a quien les dice que para disfrutar de la vida deben irse lejos y no hay otra opción. Dentro de sus propios circuitos, hay rincones que pueden convertirse en ese espacio a dónde acudir siempre que quieran hacer algo extraordinario. 

 

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Andrés Rodríguez es un creativo publicitario quiteño, pero que vive en Guayaquil desde hace dos años. En su exploración por la Perla, tiene muchos lugares que le han permitido salirse del cubito de pensar en sobrevivir cada día, para en lugar de eso, pasar bien en los instantes. “Yo estaba buscando vivir en un lugar tropical -cuenta-. En esa búsqueda rápida salió la oportunidad en Guayaquil y llegué sin tener idea de nada”. 

Como para muchos quiteños, Guayaquil era territorio desconocido. Andrés, a quien sus panas conocen como Roco, se alegra de haber dado el salto ignorando cualquier prejuicio, porque es un lugar que se adapta en general a las cosas que él pedía de una ciudad grande. “Nunca me gustó que Quito muera tan temprano. La oferta debería tener opciones entretenimiento y de estilo de vida para la noche. No solo de fiesta. Acá se puede comer un arroz con menestra a la media noche un domingo. Ese contraste hace que valore mucho Guayaquil”. Por eso, es quien primero se apunta a las Menestras del Vecino, en La Alborada, o la sangría de Tinta Café o el corviche de El Mono Pícaro. 

Su situación geográfica le hace también un lugar especial para el Roco. Ahora tal vez es un poco confuso hablar de esto, pero es una ciudad que queda cerca de la playa y como él lo dice “puedes hacerte esa idea de ir de ida por vuelta”. Y si hablamos de salir pero no tan lejos, Roco escoge Parque del Lago.

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Juan Andrés Jurado, más conocido como el Guambra, es uno de los más capos ciclistas de montaña del país. Por sus competencias de downhill y ahora de bici enduro, debe ir de un lado a otro y las rutas suelen ser en parajes cercanos a las ciudades, con vistas impresionantes. 

Esa es una de las cosas que lo mantiene haciendo lo que hace, porque de empezó en la bici hace 20 años y ahora se dedica de lleno, viajando y conociendo, cicleando en medio de la naturaleza y encontrándose con fotos de cielos y de montañas que guarda en su memoria. “El Ecuador y su maravillosa geografía nos permite a los ciclistas disfrutar de senderos realmente increíbles, puedes empezar un enduro a mas de 4000 metros de altura y terminarlo a 500 metros”. 

De todos, un lugar favorito con el que se ha enganchado en los últimos tiempos es la reserva Santa Rita, en las faldas del Pasochoa. Es una reserva ecológica privada pero a la que pueden ir ciclistas, y también cualquier persona, grupo, familia que quiera estar en contacto purísimo con naturaleza… ¡y eso incluye cascadas! “También tiene miradores desde donde puedes observar algunos regalos como el Cotopaxi, el Quilindaña, el Sincholagua…”.

Por su tamaño, recorrerla no supone riesgo alguno para aquellos que miran con prudencia a las multitudes. Simplemente eres tú, tu manada y el verde (y si tienes, perritos). Puedes llevar la bici para hacer rutas especiales o si eres más de caminar, caminas; o si eres más de escalar, acampar o mirar pájaros o de meterte al agua, ahí es el lugar. “Lo mejor es que es un lugar relativamente cerca, a una hora y media de Quito”. 

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Pero ¿y qué pasa con las personas que no disfrutan del campo, ni de salir a paseos de aventura? En medio del cemento y la vida de ciudad, camina Gricel Onofre, la Gris, y patina, porque es lo que ahora más le gusta hacer. Con la pandemia, se encontró este pasatiempo y con él el interés por encontrar nuevos lugares y también por volver a sitios que frecuentaba de más adolescente. Pistas, superficies lisas para andar y practicar y practicar. “Yo soy full ratón de ciudad”, dice Gris, una periodista musical, gestora cultural y estudiante de music business. 

Para ella, a quien le seduce la idea de un brunch de fin de semana o un café en cualquier momento de la tarde, descubrir parques es estar bien: “Soy full de rutinas: voy al mismo lugar, pido lo mismo y así. En el Rey del Choclo, ya sé qué pedir, en el Cassolette, en Floresta Pizza. Me gustan los barrios que son barrios y encontrar spots. Y el último que encontró (reencontró, en realidad) es el Parque México, ubicado cerca de la Iglesia de Fátima, en Quito. “Hay mucho espacio. Está entre la Carolina y el Metro. Hay un poco de todo, tienes cancha y un montón de césped, algo que no tienen todos los parques o les falta”. 

Lo fundamental: hay pisos buenos para patinar, lo suplementario pero no menos importante, es seguro y queda cerca de su casa. Es que, a ver, si no nos apropiamos del espacio público, ¿Cómo descubrimos esos lugares mágicos, no masivos que nos esperan? ¿Cómo hacemos que la ciudad y sus alrededores sean más nuestros y nosotros más felices recorriéndolos?

Anímense a descubrir un nuevo espacio favorito. En estos tiempos, salir del encierro a lugares no tan copados de gente, apremia un poquito de salud mental, un pite de alegría al corazón. 

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Categories:
  Viajes, Vida
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