4 desayunos para
vacilarse Guayaquil

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Guayaquil, ciudad construida entre el agua de sal y de dulce. Tierra del pasillo, del calor sobre el Cerro del Carmen, del Capwell y el Monumental. Pero sobre todo, todo, todito: Guayaquil, tierra de la buena jama.

Cada vez que llego al José Joaquín de Olmedo, me preparo para lo que se viene. Y los que me reciben también. Ya sabemos. Al menos una vez al día, es obligación encontrar un momento para tratar bien a nuestro sentido del gusto. Guayaquil, ciudad importante de la Costa, eje comercial y de espíritu independiente, se beneficia de su cercanía con el mar, por el pescado y los mariscos; de los manglares aledaños, por las conchas y el cangrejo; de su clima húmedo-tropical, donde crece el guineo, la yuca, el cacao; y de su calidad de puerto principal, que le ha permitido alimentar su gastronomía de influencias desde manabas o del sur del Litoral hasta árabes y californianas. 

Hoy, me enfoco en la primera comida del día porque me encanta desayunar y porque si hay un lugar en el que hay harta opción para desayuno, es la Perla. No se pueden perder de sus platos donde se aprovechan sus ingredientes a tope, y en los que el precio no es indicativo de cuán intenso puede ser su sabor. Guayaquil es caliente por excelencia, inquieta por convicción. Así que pueden escoger su plato ya sea para refrescarse, para sacar la resaca o solo por el mismísimo deleite de despertarse y comer. 

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Un encebollado de pescado en Picantería La Culata

La Culata es un clásico. Un lugar donde se junta la buena gastronomía costeña con el ambiente bullicioso y agradable del centro de Guayaquil y a la que se suma una dosis de bohemia y ceremonia. La Culata por años, ha sido punto de encuentro de poetas, músicos y otros artistas, algo que da lugar a que se armen tertulias y jams. Su estructura con ventanas amplias da una sensación de estar en un exterior, pero con buena música y rica jama. 

Como estamos hablando de desayunos, les recomiendo el encebollado de pescado. Véngase por acá no sólo por el ambiente. Esta sopa caliente con abundante albacora es más que una buena excusa para llegar muerto de hambre a la Gral. Córdova y a punta de sudor, zafar esa modorra post-farra que no tiene sentido para la vida. Los chifles son frescos y acolitan a intensificar la experiencia.

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Un bolón de maduro y verde en Sambolón

Tengo pendiente hacer una oda al bolón. En serio. ¿Quién se lo inventó? Hagámosle una oda a esa persona también, por favor. Su mezcla de plátano con mantequilla y queso, el crispy de afuera, la forma en que se desmorona cuando tocamos su centro, hacen que esta masa esférica solo sea una de las mejores opciones para empezar el día. Ahora, el bolón no es de todas partes. Hay ciudades donde prepararlo no es su especialidad para nada y hasta la textura no llega a su punto como sí llega en Guayaquil. 

Como deben suponer, en esta ciudad hay más de un sitio de buenos bolones, pero este que les quiero recomendar es por si andan en Samborondón. En Sambolón me encontré con un tipo de bolón en particular que no sé por qué no había parado bola antes: el que está hecho de verde y maduro. Señoras, señores, es-u-na-de-li-cia. Encima, ahí le ponen queso fresco rayado a modo de cobertura nevada.

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Un açaí bowl en Zambaí Shack

El açaí y yo tenemos una relación de amistad y cariño. En las vacaciones de año nuevo de 2017 lo conocí en Ayampe y ñññami, su combinación con frutas me conquistó. Algunos lo ponen como una moda, otros como la base de un desayuno re goloso (con una variedad infinita de toppings para acompañarlo) y muchos otros hablan como la respuesta para una nutrición saludable y ‘fit’. Como sea, y en todos esos formatos, se volvió muy común en Guayaquil encontrarse con muy buenos açaí bars en la onda de aquellos locales súper cool y con aires playeros en California (y en el mundo, de hecho). 

Para los que no se han enterado qué es el açaí, es una baya pequeñita parecida al mortiño, nativa de la Amazonía brasileña. Es considerada un superalimento por sus propiedades antioxidantes. De ella se extrae la pulpa de contextura cremosa, morada y espesa que se come helada, en una mezcla con otros disparadores de energía. 

En Zambaí Shack, ubicado en Urdesa, hay bowls de especialidad con ingredientes que van desde semillas, frutas y mantequillas vegetales y de nueces. El que me pedí y se los recomiendo absolutamente es el Cacao Bowl, cuya base es una mezcla de açaí, cacao 100% en polvo y maca. Como toppings tiene guineo, nibs de cacao, almendras, granola casera y mantequilla de maní. Escoge ese u otros de su carta y si ninguno te convence, arma tu propio bowl.

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Un tigrillo en Las Tazas Café

Un lugar pepa que me lo recomendó el buen Pancho Feraud, foodie guayaco por excelencia. No se equivocó. Un rincón tranqui, con vista al Estero Salado que tiene un tigrillo para volverse loco. Creo que su sabor radica en la calidad de los ingredientes. Buenos quesos, buenos puntos de cocción y buenos precios, como te gusta. Pedir un desayuno te sale entre los $3 y los $7. El tigrillo no era tan común hace unos años, pero los guayacos supieron encontrarle el gusto para dominar su preparación y triunfar en el intento. Para comprobarlo, solo hace falta pedir uno, con huevo y mucho queso. Y ya bueno, chicharrón si quieren, también. 

En la foto se muestra una posibilidad ‘modesta’, pero si se quieren saciar su ser goloso interior, lo piden 4 quesos, lo piden mixto, de verde y maduro, acompañados de carne molida o de estofado. Ay, ay, ¿ya se nos hizo agua la boca? Yo ya estoy lista para probar uno.  Y si les llama algo dulce, no dejen de cerrar su desayuno con un waffle con frutas. Un goloso complemento.

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