La Molienda: una oda a la naturaleza

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En medio del agitado tráfico de Urdesa Central, un barrio residencial y comercial de Guayaquil, se encuentra un pequeño edén lleno de productos orgánicos y naturales, plantas y murales. Se trata de La Molienda, el sueño de Paula Molina hecho realidad. 

 

La Molienda nació el febrero de 2017, cuando Paula se animó a convertir el garaje de sus abuelos, que era usado como bodega familiar, en una tienda de nicho. A sus allegados les pareció una idea descabellada, pero ella logró visualizarlo. Como descendiente de agricultores y gracias a su pasión por la agroecología, creó este espacio que ofrece productos de la finca familiar, El Retiro, y, además, una extensa variedad de productos naturales y ecológicos. 

 

En La Molienda podrás encontrar todo eso que necesitas para iniciar tu camino hacia un consumo saludable, responsable y bajo el comercio justo. ¿Buscas cepillos de bambú? Los tienen. ¿Productos al granel? También. ¿Cosméticos naturales? Hay un poco de todo. Hasta encontrarás tarjetas hechas de papel reciclado que tiene semillas adentro para que las puedas plantar. 

 

Con una inversión de $5.000 solo en productos, Paula abrió sus puertas a la ciudad. Se valió de materiales reciclados como palets, carretes y tanques metálicos, además de estanterías en madera, para colocar su stock. Actualmente trabaja con otras fincas agroecológicas del país y también tiene productos importados. 

 

Paula considera que una de las fortalezas de La Molienda es contar con una finca agroecológica. A través de ella se mantienen fieles a sus valores. El encanto, en cambio, lo pone el espacio en sí. Al aire libre, lleno de plantas, con mueblería reciclada, en conexión con la naturaleza. Todo esto, complementado con lo artístico, pues varios talentos ecuatorianos han trazado sus pinceles en las paredes y puertas del local. Para ella, ambos elementos son uno solo: “El arte es parte de la naturaleza. De la naturaleza sale todo”. 

 

Este espacio concatena lo familiar, lo natural y lo artístico. Lo podemos ver en una de sus piezas emblemáticas, un mural en homenaje a su abuelo agricultor, quien Paula considera “fue la semilla para que todo esto surja”. El negocio se ha convertido en un proyecto familiar y lograron llevarlo a la ciudad vecina de Samborondón. Ella espera que más semillas germinen. 

 

¿Cómo crecería esta semilla? Pues Paula anhela que toda la casa sea La Molienda. Tener más productos naturales ecuatorianos, incentivando la economía local; contar con un vivero, pues ama las plantas; y abrir una cocina saludable que solo sirva desayunos, usando los mismos productos que puedes encontrar en la tienda. 

 

El reto de este gran sueño ha sido regar la conciencia ecológica en sus visitantes y curiosos, haciendo especial énfasis en lo agroecológico. “La palabra orgánico te suena caro y no es así. Al contrario, gastas menos porque no consumes productos químicos”, explica Paula. La iniciativa nos invita a cuestionarnos qué tienen los alimentos y productos que consumimos, cómo es la cadena productiva de los mismos, qué hay detrás de cada marca y por qué decidimos adquirirla. 

 

Y plantar semillas ha traído sus frutos. Por cada nuevo plan de ahorro, una estrategia de inversión. Mejores equipos, nuevos productos, innovación, colaboraciones. La Molienda es un ser vivo que quieren ver y hacer crecer. “Es una tienda orgánica porque se ha hecho orgánicamente”, dice Paula, mientras medita sobre los procesos de aprendizaje, de crecimiento y la evolución que ha tenido su proyecto loco en el garaje de sus abuelos. 

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  Emprendimiento, Tecnología, Vida
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