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Chicas de colores: una repasada
al street art de mujeres en Ecuador

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Eran los años 70 en Nueva York y en las calles empezaron a aparecer paredes pintadas con grandes letras y dibujos. No era publicidad, no eran mensajes tradicionales políticamente correctos: el graffiti había llegado para quedarse. Ilegal, subterráneo y anónimo, se plasmaba como parte del paisaje. Era una denuncia al sistema que ocultaba a la gente diferente, a la población no-blanca, a los que pensaban diferente.

Detrás de esas marcas llenas de color, estaban caras latinas y afrodescendientes que se expresaban con pintura y trazos. Si había vallas con publicidad de grandes marcas expuestas en la ciudad por todas partes, ¿podría entonces cualquier persona hacer lo mismo con su propio nombre?

Graffiti en un tren en Nueva York en los 70

Al inicio, casi todos en el juego eran chicos, pero entre ellos, fueron apareciendo figuras femeninas, porque ¿por qué no? La primera de ellas empezó a intervenir los muros, los trenes y las estaciones de trenes de Nueva York. Su nombre: Lady Pink, de Sandra Fabara, ecuatoriana, hija de migrantes ambateños residentes en Queens.

Tag de Lady Pink en un tren de metro
Lady Pink

De sus primeras incursiones, han pasado ya cuarenta años y hoy miles de mujeres se expresan a través del graffiti en todo el mundo. Pero no solo eso: del graffiti se deriva también el arte urbano –street art, en inglés- que sale de los márgenes de la ilegalidad y expone en las calles pinturas que incluso vienen por consignación de marcas, campañas e instituciones públicas y privadas. Hoy hay un boom del street art y hay grandes representantes mujeres en el campo.

Ecuador no es la excepción. En lo ilegal y en ‘lo permitido’ están ahí, creando obras sobre su lienzo acaso de bloque y cemento, madera o hierro, expuesto a las derivas del clima, a las reacciones de la gente y a la posibilidad de que cualquiera raye, borre, destruya su trabajo. Es arte sin marco. Es efímero.

Carla Bresciani es una de las nuevas exponentes de muralismo, un tipo de arte urbano ligado más a lo permitido. Esta guayaquileña de 30 años, entró como tantas, por pura curiosidad y terminó enganchándose al punto de dejar sus actividades de artista plástica y su cafetería para echarle todas sus energías a pintar paredes. “Me encanta que es para todos, es un arte libre por así decirlo y creo que conlleva una responsabilidad grande. Al pintar en la calle afectas mucho el entorno”. Mueves cosas.

Carla Bresciani. Foto: Tomada de su Facebook

El circuito de mujeres es pequeño en Guayaquil, así como en el resto de las ciudades del país. Pero existe. Una gran parte de estas mujeres se mueven en el anonimato para hacer graffiti. Mientras en el muralismo, las representantes van en aumento, las graffiteras -asociadas a la cultura hip-hop y a quienes poco les importa si tienen o no permisos para rayar- están y siguen. “Así pasa en cada país, las reales se quedan por vida. Maria es el mejor ejemplo.”, dice Toofly, artista urbana ecuatoriana. Se refiere a Maria, una bomber quiteña que tiene por lo menos unos 15 años en la cultura del graffiti.

Maria. Foto: Tomada de su Facebook

Toofly, también Maria Castillo, formó parte del movimiento de street art en Nueva York en los 2000 y sigue. Ahora vive entre Quito y la Gran Manzana y muchos de sus proyectos inevitablemente la relacionan con el street art y la pintura. Es lo que escogió en 1993 y lo que sigue escogiendo 25 años más tarde.

Toofly dando los últimos detales a su mural en Welling Court, EEUU

Esta mujer artista tiene un estilo que toma elementos tradicionales del hip-hop como las letras, algunos trazos, y los mezcla con una estética muy femenina suya: personajes mujeres con labios carnosos, sensuales ojos rasgados (podrían ser ojos latinos) y de pieles morenas, bronceadas. “En Ecuador hay oportunidades para esto. Son pocas, pero buenas. Llegué en el 2012 y desde ahí hasta hoy el proyecto más grande ha sido el festival Warmi Paint”, cuenta Toofly, quien además ha participado en otros festivales locales como Detonarte, Meeting of Styles, GRAFFF, entre otros.

Muro realizado durante el Festival Warmi Paint, en Quito (2015)

Actualmente en Ecuador, algunos nombres suenan y tienen grandes propuestas, con mucho estilo e identidad. Algunas ya conocidísimas y siempre en crecimiento, siempre con propuestas cambiantes, como La Suerte, la Vera Primavera.

Mural de Vera Primavera | Foto: Cortesía del Encuentro de Muralismo de Ambato EMA
La Suerte en acción. Foto: Instagram, por @sol_de_satania

Otra representante imprescindible es Bln Bike. Sus obras son siempre un estímulo de explosión emocional cuando las vemos, destacadas por reflejar a mujeres, junto a sus anhelos y sus búsquedas. Bln utiliza su dominio de las artes plásticas y la anatomía para dibujar sus personajes en la calle, y los combina en muchas ocasiones con elementos propios de su firma de street artist: bicicletas, aves, frases.

Bln Bike 2015

Otras como Mo Vásquez y Crispo que con sus dibujos y sus colores, van siguiedo la belleza estética de los animales, las plantas o las mismas mujeres.  

Crispo + Strike| Foto: Tomada de su Behance
Mo Vásquez

El arte urbano sigue siendo territorio con más hombres que mujeres, pero ahí están ellas, lanzando mensajes, haciendo artivismo unas, solo dibujando, reclamando otras y cada vez más se animan a romper el estereotipo y salir a la calle. El mismo Festival Warmi Paint (2015), organizado por Toofly, con un cartel formado en su totalidad de artistas mujeres de Ecuador y el mundo, demostró que mujeres en la cultura del arte urbano hay y que están haciendo cosas increíbles.

Ahora, sin agruparlas, las vemos por ahí sacando todo, toda su fuerza expresiva para que cualquiera pueda ver su arte, caminando, en bici, en auto, desde su ventana.

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Category:
  Arte
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