El cine también se proyecta
fuera de las salas

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El aire húmedo, la noche a unas pocas horas de distancia. En Isla Trinitaria los vecinos se preparan para ver Siguiente Round, la película que recoge la historia de el Profe y un grupo de chicos que se preparan para competir en el mundo del box. Mientras el equipo de montaje coloca la pantalla, las sillas, el proyector en el terreno, los niños corren alrededor. Se ríen, pasean sus juguetes y una pelota. Hay un ambiente casi festivo en el barrio, un sentimiento de reencuentro. 

Siguiente Round se estrenó en 2018 con la mira de ser una peli que exponga una historia de superación, y esperanza. Que ponga en la mesa la posibilidad de cambio social a través de una actividad como el box en un barrio con conflictos y pobreza: Isla Trinitaria. Por eso, el objetivo de Valeria Suárez Rovello y Ernesto Yitux, directores y productores de esta película, sabían que, además de proyectarse en el cine, lo iban a mostrar en otras partes. 

Escena de Siguiente Round

“Nuestro objetivo siempre fue exponer a un público diverso. A un público que no va al cine”, dice Valeria. Haberle apostado a eso fue justamente lo que creó más conexión y empatía con la gente que vio Siguiente Round y la que sigue viendo en cada proyección itinerante. De hecho, la primera proyección fue en Trinitaria antes de su estreno en el cine. Después, sí, las salas, pero siguió proyectándose en exteriores: La proyectaron en seis barrios periféricos de Guayaquil y en ciudades como Río Verde, Muisne, Durán, Cuenca.

“Me encantó haberlo logrado: a nivel nacional logramos conseguir juntar a públicos diferentes”, añade Valeria. Entre los espectadores estuvieron niños, madres de barrios populares, tantos como cinéfilos y empresarios. Y todos disfrutaron y se llevaron algo de la película. 

Valeria Suárez Rovello, co-directora y productora de Siguiente Round, durante el rodaje del documental.

Esa emoción es compartida con otras personas que han hecho proyecciones al aire libre, como Virginia Sotomayor, directora de comunicación del Festival Internacional de Cine Documental “Encuentros del Otro Cine” – EDOC. Porque lo que sucede en un exterior no se planifica, la gente está en su zona, así que las experiencias son diferentes a las del cine. 

“Es lindo. La pantalla llama tanto la atención que la gente se queda, pero también hay un buen tanto que viene con anticipación para ver la película”, dice Virginia. Y mientras afirma que no es cosa fácil lograr una proyección fuera del cine, también se queda con todas las buenas experiencias. “Como cuando la gente en la película de Julio Jaramillo [Si yo muero primero] cantaba en coro las canciones o como cuando en otra ocasión empezó a llover y todos en lugar de irse, sacaron sus paraguas para continuar viendo la película”. 

En cada edición de los EDOC hay una proyección al aire libre y es justamente porque el documental conecta con la gente. “Es impresionante llegar a la plaza, ver cómo llega la gente, cómo se involucran con las películas, participan en los foros”, cuenta Virginia.

En Siguiente Round pasa algo similar. La emoción de la audiencia se junta entre ver una película cerca de su casa y ver una historia cercana y real en pantalla grande. A Valeria le conmueve la forma en que el cine documental abre los ojos a las personas: “Te enfrenta a una realidad que de otra manera no podrías sentirla, vivirla. Genera cierta empatía y conexión”.  Y eso en una sala, pero afuera con más factores. 

La cosa no es fácil y en eso están de acuerdo las organizadoras y generadores de este cine no tan común. Se necesita plata, gente, equipos, muchísimo movimiento y voluntad. Se necesitan permisos y estrategias para convocar a la gente, para montar un cine en un parque o una cancha. Cosa seria. Aquí se vuelve importantísimo el papel de los que quieren acolitar para que suceda. 

Con los EDOC por ejemplo, hubo organizaciones como FES-ILDIS que se interesaron en la temática y en la forma en que podían llegar al público, entonces pusieron contingente y apoyo económico. En Siguiente Round, se ayudaron de unos fondos concursables del Estado, pero también tuvieron apoyo de instituciones privadas. 

Estas iniciativas se replican porque funcionan y arman una chévere comunidad. Lo vimos también con el BiciNema, en Guayaquil. Organizado por el colectivo Libre Actividad, reúne a gente que quiera hacer una cicleada y termina con la proyección de cine. De esta manera se movilizan de una forma sostenible y terminan haciendo una actividad de entretenimiento en la que coincida todo el grupo que llega cicleando. 

Afiche de la función de BiciNema, cine al aire libre

El sábado 28 de septiembre fueron a ver el clásico E.T. en la escuela de fotografía EFE, pero partieron la caravana en bici una hora antes, desde la Plaza del Centenario. La idea es repetir esta actividad mes a mes y al ser gratuita, invita a toda la gente que quiera a juntarse y seguir acudiendo constantemente a proyecciones al aire libre en el futuro. 

La autogestión brota por cada poro de estos proyectos que se encargan de llevar el cine al aire libre con un sentido. Con varios sentidos. Una forma noble de demostrar que el cine puede transmitir mensajes, que puede entretener y ser informal y salir del oscurito, y que en el caso del cine documental, cuando se acerca a la gente, a sus espacios y sale de su círculo típico, puede transformar vidas y cambiar miradas. Así nomás. 

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Category:
  Cine
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