Cuando Guayaquil se sacudió el gris

Escrito por Be Life 3 años agoSin comentarios

El 24 de junio de 2011 Daniel Adum se puso las pilas. Convocó -vía mensaje privado de Facebook- a un gajo de panas con la idea en mente de darle color a la Avenida del Bombero, En Guayaquil. Transcrita en pocas palabras, la convocatoria era directa, clarita, como para que el que la leyera respondiera “sí” o “no”.

“Un litro de cualquier color por persona… El que quiere comprar más de uno, bacán”, decía la consigna. Y ese mismo día, sin mucha expectativa pero con la gana percudiéndole el capricho, empezó a recibir respuestas. Los destinatarios del mensaje encontraron en el llamado una excusa para salir a la calle y hacer algo que diera vida a la ciudad y les regalara una dosis extra de vida a ellos mismos.

Guayaquil, ciudad de calor y cemento, tenía bastante lienzo en sus muros esperando recibir algo de color. Litro x Mate surgió en ese momento en el que el sudor pudo menos que el ímpetu de hacer algo que gire la rueda. Adum, un artista “sinceptual” -término que él mismo se ha acuñado- empuja despacito la línea de lo prohibido con lo agradable, hasta llegar al punto aquel en donde su generación, y otras que le siguen, se identifican con su sueño de modificar el paisaje que ven desde su ventana.

La acción sucedió unos días después de la carta, en junio, cuando un ejército de unas 80 personas salieron a pintar cuadraditos de colores. Verde limón, magenta, amarillo, anaranjado. Parches de “amor a la ciudad”, como les dice Daniel. Rojo, violeta, azul, turquesa. Parches que coparon los espacios entre risas y adrenalina porque claro, el detalle era que, todo bien, estaba quedando lindo, pero lo estaban haciendo sin permiso. “Al principio, algunos empezaron a hacer su obra en medio de todo esto, pero les decía que sigan la idea y la seguimos”. El primer Litro x Mate se hizo en rebelión, en colectivo, en complicidad absoluta y sin taparse la cara. “Es que nunca me interesó el anonimato”, dice Daniel. “Es una cosa muy de los guayacos, y yo firmo con mi nombre y apellido. Todo lo que empecé a hacer en la calle llevaba mis iniciales: DAG”.

Pero desde la primera vez esto se volvió de todos y la firma ya no era necesaria. En poco, “La gente empezó a conocer que esos colores eran de Litro x Mate”. Hombres y mujeres, gente grande, gente chica, adolescentes, cada mate con su litro de pintura y su brochita coloreando la pared bajo el sol, bajo las nubes. El ejercicio se volvió imparable y eran bastantes. Luego, los que conocían de la idea y querían participar se multiplicaron. Y así, fue tan bacán que la pica de replicarlo despertó más ganas y nuevos adeptos.

Pasó, se repitió varias veces más. Muchas de esas veces en Urdesa, el barrio base de las ideas de Adum. Entre las políticas de la ciudad y la contrariedad de no saber qué significaba tanto color en los muros, la seguridad municipal pintó varias planchas de color con gris encima como para negar el ímpetu. Pero otras quedan. Sobreviven la presión y los aguaceros y continúan el alboroto cromático en las calles.

Adum cuenta la historia mientras camina de un lado a otro por su sala, con una cerveza en la mano. Acaba de lanzar hace poco su último libro: “El Libro de Litro x Mate”, una compilación de fotos y textos de toda esa idea que se volvió un monstruo multicolor al que todos querían conocer en su ciudad. Ya no es un tema chiquito del grupo de amigos que acolitó la primera vez o la segunda. Lo que está en la calle se hace de la calle y toda la gente que pasa por un muro, si tiene algo que lo diferencie del resto, lo recordará siempre. Litro x Mate fue esa intervención que pedía a gritos una paleta diferente para un espacio público desaturado.

Para escuchar a Daniel relatar su versión, fui a buscarlo a su casa en Urdesa, el barrio que lo vio crecer y y en el que ha continuado viviendo. Descalzos, porque acaso una de las pocas reglas que hay en esa casa es entrar sin zapatos, pasamos la tarde en la casa de Daniel, conversando sobre su vida y el espíritu que lo lleva a inventar proyectos de arte y lanzarlos al aire, tal como Litro x Mate. La puerta principal mira a un callejón de cemento en el que unos niños han llegado en bici para jugar pelota.

Adentro estamos solo nosotros y “Los Manes”, unos muñequitos ilustrados con caras de colores y ojos exaltados que forman parte de su obra, pero la de adentro, la que es para él. “El arte en la vía pública debe aprender a convivir con todo lo que conlleva hacerlo, el riesgo, sino sería aburrido”, dice Adum y su dedo índice regresa a ver hacia arriba como el de cualquier orador que defiende su tesis desde un púlpito. Empieza a atardecer y el cielo se pone naranja. Un mural al estilo Litro x Mate al fondo, nos indica que esta es su zona, la zona de Adum.

Que se graduó de la Mónica Herrera (ahora Universidad Casa Grande) en Comunicación Social y Publicidad con todos los honores y que ahora vive del arte al cien por ciento. Nada de agencias. Esas recetas no le funcionaron y más bien optó por dejar que su creatividad le lleve por el camino alterno. Que no le gusta la vida caótica que se lleva en las ciudades, que prefiere estar cerca del mar. Daniel Adum se entretiene contándome su punto de vista, uno inseparable de sus propuestas artísticas, de los impulsos que lo llevan a pintar cuadraditos en la ciudad junto a escuadrones de guayacos libres

El Libro de LxM es una colección de todo lo que cuenta, pero con más fotos y anécdotas que ha estado recopilando desde hace meses. Con una portada que no puede tener otra cosa que los cuadraditos de mil colores, plasma la historia de su obra de arte público en un documento que será aún más difícil pintar de gris. Desde hace un buen tiempo sentía ese bichito de que tenía que sacar el libro. Y ahora, en su casa quedan los vestigios de cuando lo empezó a armar: las fotos, los recortes del periódico, los latones de pintura, todo. El camino para publicarlo fue largo y Adum hizo el camello de escritura, diagramación, recopilación de información y todas esas cosas que las suelen hacer entre varios.

“Me tomó tiempo hacer el libro, pero es de lo que vivo. La pintura es lo más sublime de mi trabajo, por eso trato siempre de ver otras formas de vivir del arte”. Una de esas son los libros, de los cuales tiene ya tres publicados, muy a su estilo: directos, sin pelos en las páginas, carnosos y provocadores. “Soluciones de arte”, las llama.

Si el lo hacía todo, sólo le faltaba una cosa: ¡la plata! Y para obtenerla, entre octubre y noviembre del 2016 levantó una campaña de crowdfunding (una forma de financiamiento colectivo a través de aportes en la web) que superó el monto que se propuso como meta y logró así reunir el billete. Pero no solo eso, porque de paso, “El Libro de Litro x Mate” se convirtió en el primer libro ecuatoriano en ser financiado a través de ese método.

Ahora lo encuentras al menos en Quito y Guayaquil y lo puedes pedir vía web, también. Y cada vez más personas tienen el chance de conocer lo que significó para Guayaquil eso de pintar cuadraditos en los muros, un principio del que se desprende una linda historia: la de un grupo de muchachxs, “el colectivo de arte Litro x Mate” -como los llamaban en los diarios-, que sale a la calle a repartir sus colores y prestarlos a los muros de su ciudad.

Dónde conseguir “El Libro de Litro x Mate”

Guayaquil: Love Tattoo, La Molienda, Comuna Café
Quito: Estudio Aura, La Cafetina, Best Burger Company

Category:
  Arte
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