Dentro de la red
invisible de Irving Ramó

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Allá arriba, donde se ve un balcón de barandas celestes, es el estudio de Ramó. Entras por la puerta celeste y caminas a un pasillo a la derecha. Luego, unas gradas externas a un tercer piso y una puerta. Una vez arriba, un pasillo largo, un vestíbulo rojo repleto de signos -los Signes de Ramó-, y a la izquierda, una puerta de madera. Toc, toc.

En un equilibrio que se bate entre el orden y el caos – cuadros, bocetos, láminas de triplex enlucidas de sobras de pintura, anaqueles con brochas y líquidos, libros, latas de aerosol, frases escritas en papeles- aparece la figura de Irving Ramó, el artista plástico que también es diseñador, que pinta en las calles, el creativo.

Por unos minutos lo vemos mover su brocha sobre el cuadro de una mujer en estado de meditación profunda, mientras suena Jeff Buckley de fondo. Afina su mirada, precisa el movimiento de su muñeca, se aleja y se acerca. Pinta. Dibuja con el pincel. Luego deja todo para conversar.

Cuadro parte de Tō en proceso, en el estudio de Ramó.

La mujer tiene los ojos cerrados y nos despierta una intriga sobre lo que la mantiene en ese estado. ¿En qué piensa? Un olor a óleo intenso se apodera de nosotros y nos convertimos en entes dispersos: demasiados colores en la habitación.

El cuadro es parte de Tō, la exhibición que Ramó acaba de inaugurar el 9 de mayo. Este artista de 30 años muestra lo que siente y no es perceptible a los ojos del resto. “Los cuadros que hice para esta exposición no nacieron sólo del juego. Son cosas que he pensado a partir de lo que siento con respecto a estos personajes”.

La expo se inauguró el 9 de mayo y estará abierta al público hasta el 24 de mayo de 2019 en la galería Más ARTE.
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Y a cada uno de los seres de los cuadros se los ve sentir profundamente. Una cualidad humana se desprende de ellos para contagiarnos y delatarlos: pueden sentir la energía de una gran red invisible. Y Ramó piensa en voz alta: “Esta red es este gran telar que estoy intentando tejer. Una metáfora de la vida. Y con esto me refiero también a tejer tus relaciones, tejer tus objetivos, un rollo súper psicológico”.

Por eso, cuando leemos la descripción vemos que se presenta como un aprendiz de tejedor, “…quien toma las hebras de una gran madeja invisible de energía para elaborar nuevas tramas”. Y volvemos a los cuadros y vemos los rostros sinceros, junto a todo un universo gráfico por detrás.

Tō, que en la lengua extinta de los quitu quiere decir tierra, está formada de siete cuadros donde se evidencia la relación de los personajes con la madeja invisible. Su gestualidad, acompañada de las líneas en movimiento, aporta una carga de misticismo conmovedor. De alguna manera se repiten los colores tierra. Incluso parece haber la intención de usar tonos turquesas como para recordarnos a las pinturas y esculturas de civilizaciones del pasado: las egipcias, las mesoamericanas, las de la Costa de Ecuador y Perú.

Esa búsqueda en el pasado empezó con Ofrenda (2016) -una muestra que se inauguró en Guayaquil y viajó hasta Nueva York-; luego con GEN (2016), y le siguieron otras como POA (2018), en Berlín. “He pasado estudiando todas estas culturas y su influencia ha sido natural en mi trabajo. Aunque no hable de eso siempre, los colores sí tienen mucho que ver con esas referencias muy fuertes en mi obra actual”, dice el pintor.

La mayoría de lo que hace Irving en este momento tiene esa influencia. Y no solo en los colores. En las formas y en las temáticas hay una esencia que nos lleva a un tiempo antiguo, aunque también podría ser un futuro imaginado, una ficción. Sus afiches y sus propuestas en diseño gráfico, los murales y los cuadros de Tō, todo muestra un poco de esa sensación de ancestralidad.

Digo murales, porque si no se han dado cuenta, Ramó también hace street art y es algo que le encanta. “Es una relación necesaria”, como él mismo cuenta. Esa relación incluye hacer murales de gran formato, interactuar con la gente que pasa y mira, y contagiarlos de ese universo.

También que la gente lo identifique: “Ah, Ramó es ese chico de churos que pintó ese hombre dormido en la Intervalles”, me dijo el otro día una chica con la que conversaba. Y sí, tiene algunitos por todo Quito.

“Flotar”. Vía Intervalles, Tumbaco, 2017

El arte urbano lo ha llevado a viajar por su lado también. Tiene muros grandes en Penelles, España, en Brooklyn, Nueva York y unos en Miami que hizo como invitado del Art Basel, además de otros que ha dejado por Berlín y París.

Mural junto a Guache (Col) y Praxis (Col), en Brooklyn, Nueva York, 2016
Mural de Irving Ramó en Urban Spree, Berlín, 2018

Irving Ramó lleva la inquietud en todo el cuerpo, pero en las manos se le desborda. Y cuando pasa eso -que es básicamente todos los días-, salen los colores y las ideas. Si no están en un cuadro o un muro están en logos, papeles, proyectos creativos o en uno de sus tantos boceteros, esperando convertirse en algo más que ideas.


Para conocer más de su trabajo:
Instagram: @irving_ramo
Facebook: RAMÓ
Sitio web: www.irvingramo.com

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Category:
  Arte
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