Desde el estudio de Olalla Herrero: el diseño, el slow fashion y vivir en Ecuador

Escrito por Be Life 2 años agoSin comentarios

“Nunca me planteé ser diseñadora de modas”, dice Olalla y mueve sus manos por en frente de su pecho para regresarlas a la mesa, estiradas, dejando ver sus dedos pequeños, sus uñas pintadas de azul, la cola de una sirena tatuada adelante de su muñeca. Treinta minutos más tarde dirá lo contrario. Olalla empezará a recordar que de pequeña no hacía otra cosa que dibujar mujeres con vestidos, en los blocs de hojas que su papá anillaba para ella en su papelería, en Bilbao.

Ahora, lejos de casa y cerca de una sociedad que empieza a entender la moda y a consumirla como algo propio, Olalla Herrero se divierte haciendo lo que más le gusta: diseñar ropa confortable para llevar todos los días. “Un poco diferente, pero cómoda, sobre todo, cómoda”.

Olalla en su estudio Be Life diseño de modas Ecuador Quito

Olalla en su estudio

 

La moda no es eso que todos ven de lejos y no entienden. Al menos, una parte de ella no tiene por qué serlo. Viéndolo así, a sus 33 años, y con sus pies en Ecuador, se ha propuesto diseñar bajo la consigna de conectar con la gente que usa sus prendas, que se identifiquen con ellas y quieran usarlas todo el tiempo. Cuando habla de lo que hace, evita colocarse en esa nube hacia la que muchos ven cuando hablan de moda, porque no hay nada peor que pensar que la moda es de gente que no tiene los pies en la tierra. “¿Que la ropa es algo superficial? Nooo, eso es un error. Es algo con lo que sales y convives todos los días”, dice mientras se toma un sorbo de su café y sonríe. “Vestirse es algo muy personal”.

El taller ocupa el cuarto contiguo a su dormitorio y desde ahí maquina las ideas de vestuario y las presenta a sus clientas. Ahí funciona Go Inti, la marca desde la que Olalla propone su diseño independiente. Existe desde 2014 y ha tenido por ahí sus mutaciones (¡empezó como una línea de accesorios!). Hoy hay un estilo que la mueve y, aunque no hay duda de que seguirá mutando, tiene rasgos que en el mismo estudio se puede reconocer.

En la esquina luce su máquina, con hilos y tijeras, el equipo de coser, y al otro extremo una gran mesa blanca domina el espacio. La que utiliza para prácticamente hacer todo lo demás. La ropa que diseña es para chicas. Cool, funcional, con muchos colores. Como la que tiene colgada en el perchero metálico móvil. Hay blusas flojas, enterizos, vestidos, conjuntos de falda con crop tops, pero de todas esas posibilidades, llaman la atención los palazzos.

 

¿Que la ropa es algo superficial? Nooo, eso es un error. Es algo con lo que sales y convives todos los días. Vestirse es algo muy personal.

 

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“El palazzo es la prenda por la que reinicié la marca, un pantalón flojito y que te apreta en la cintura”, cuenta Oli, quien de planta está vestida así tal cual como diseña: flojito y cómodo. A esa prenda le siguieron sus variaciones, enterizos con basta palazzo, y luego para acompañarlos, crop tops y para complementar su colección, vestidos asimétricos. Todo es parte de una exploración en la que utiliza telas prácticas, de fácil manejo, como las licras, “que todos piensan que son incómodas, pero todo depende del uso que les des”.

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Olalla se asegura de adquirir telas de buena calidad y con estampados originales, que reflejen el estilo de su diseño: descomplicado y no tradicional

 

Con un cupcake y un espresso, adquiere la confianza para lanzar todas sus ideas y hablarme sobre lo lindo de diseñar desde Ecuador. Su acento es español a leguas, pero dentro de sus frases hay un dejado muy quiteño que podría confundirla con una ecuatoriana que ha vivido mucho tiempo en territorio ibero. Cuando llegó a Quito en 2008 para estudiar diseño de modas en la UTE, le sorprendió lo diferentes que eran las cosas. “Me veían como un bicho raro en la universidad. Cómo me vestía, cómo lucía, pero está bien, la gente también se ha adaptado a ver cosas diferentes en los últimos años”.

No es un secreto que en nuestro país la mayoría de las mujeres no sean muy osadas en su vestimenta y que por el contrario, para no “caer” en el riesgo de vestirse muy llamativo, termine siendo el jean y la chaqueta gris lo que domine el paisaje de la indumentaria femenina. Por eso, una industria no tan desarrollada de moda e indumentaria le resultó como “un cuaderno en blanco” desde el que podía proponer sin tener que enfrentarse a una competencia densa.

La Oli que habla y habla mientras mueve sus manos en el aire y sonríe, reflexiona sobre Bilbao y lo heavy que es la cultura de moda allá. “Yo crecí comprando en Zara. Y ahí te dan una pauta de qué usar y cómo usarlo…”. Cuando topa ese tema, se enfrenta a un tema que se nota a leguas que le causa cierto conflicto. Es que, dicho en sus propias palabras, Olalla propone algo opuesto a lo de las grandes tiendas. Ella habla de una slow fashion, en la que puedas tener prendas que te duren mucho más que una temporada de tres meses o una “estación”, si acaso en Ecuador hubiera estaciones muy marcadas. “No me gustaría que compren uno de mis diseños para usarlo y botarlo a los tres meses. Tampoco me sirve tener clientes endeudados. Yo quiero que se enamoren de las prendas, que las usen un montón de tiempo hasta que ya no puedan más. Esa es la meta. Es mi obsesión”. Y entonces te pones a reflexionar cuántas veces compraste una blusa y la pusiste a regalar al año siguiente y te das cuenta de que eso pasa cada vez con más frecuencia.

 

 

 

Oli habla del slow fashion, en el que puedas tener prendas que te duren mucho más que una temporada de tres meses.

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Por eso, lo de “enseñar” a sus clientes, no es una ocurrencia que lanzó Oli sin pensarlo. Todo lo contrario, es parte de esa meta de la que habla cuando se plantea qué perfil de diseñadora es la que se alinea a su forma de pensar. “Quiero que quienes usen mis diseños se sientan libres”, dice Olalla y en su cuerpo se refleja ese objetivo, porque lo dice en voz alta como declarando algo muy importante para ella y para Go Inti.

Cuando entré a su estudio y me clavé a ver sus diseños en el perchero, se me hizo inevitable quedarme en las prendas más coloridas, en las de triángulos de colores, en las de estampados con flúor. Agarré unas cuatro prendas y corrí a probarme.

“Me gusta esta, pero no creo que es taaan mi estilo, no sé si me quede bien”, le dije, mostrándole un vestido de animal print celeste con rosado. Y Olalla reaccionó con su dulzura usual y me animó a darme una vuelta con un “querida, aquí todas somos preciosas. Anda, pruébate. Yo creo que sí te va a ir bien, pero ponte estos aretes y estos zapatos”. Me probé tal cual y de hecho, no me fue mal.

Para mostrarles algunos de sus diseños, Olalla me hizo un styling improvisado y nos tomamos fotos con algunas opciones de las coloridas que me gustaron y son estas que les muestro acá abajo.

 

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