Me distraigo mucho,
¿qué puedo hacer?

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No son ustedes, no soy yo, somos todos. Nuestros tiempos nos llenan de distracciones y eso afecta nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestra relación con otra gente, nuestras actividades. Ser distraído es algo que mucha gente comparte y por eso queremos hablar de cómo lidiar con las tantas cosas que tenemos en la mente y ayudarnos a enfocar. Advertencia, no es un manual para dejar de ser dispersos de la noche a la mañana, pero tomar algunas de estas prácticas puede ayudarles en el ejercicio de concentrarse un poquito más desde diferentes formas. 

Repitan conmigo: la productividad no es cosa del manejo de nuestro tiempo, sino del manejo de nuestra atención. Si queremos concentrarnos, necesitaremos más que cronogramas de trabajo, alarmas y cronómetros y recordatorios. Ser productivos está de moda, de ley, pero tenemos que recordar que ser productivo es un medio para alcanzar nuestros objetivos, ¡no un fin! Ser productiva me sirve para lograr eso que quiero lograr. ¿Me explico? 

En ese sentido, expertos en psicología organizacional como Adam Grant, sugieren enfocarse en el manejo de nuestra atención: “A menudo, nuestros líos de productividad son causados no por falta de eficiencia, sino por falta de motivación. Si lo pensamos así, lo importante es hacer cosas que nos gusten o encontrar las formas de que funcionen para que trabajemos motivados. Si empezamos por lo que más nos gusta hacer, vamos a ver cómo nuestra concentración empieza a fluir.

Para los que sospechaban, les cuento que el estrés es un distractor por excelencia. Una persona estresada tendrá más posibilidad de cometer errores, tanto como de perder la concentración, de retener las ideas. En otras palabras, el estrés es repelente de la atención

Y algo que estresa al cuerpo y a la mente es la sobrecarga de información. Prestar atención a muchas cosas a la vez agota al cerebro en menos tiempo. Por eso, cuando les decimos que bajen su actividad en el celular o le paren menos bola, no es de gana. Balancear el tiempo en pantalla con el tiempo en la vida real nos puede ayudar a recuperar la calma. De ahí que la sugerencia es que, de vez en cuando sean radicales y apaguen TODAS las notificaciones de sus teléfonos. Por momentos, por horas. 

Las personas no estamos hechas para trabajar sin descanso. Por eso, ¡tomen recesos! Así como el cuerpo se cansa, la mente también y es en el cansancio cuando encuentra la oportunidad perfecta para distraerse. Entonces, antes de que suceda, míralo como parte de tu horario y no sientas culpa por levantarte de tu silla o parar tu actividad principal para optar por otra. Eso significa hacer algo diferente, estirar, distraer tu mente con otra actividad. Por supuesto, el receso debería ser corto. Puedes dividir por ejemplo, tu jornada en 30 minutos trabajo ininterrumpido y 5 minutos de descanso; pasados los cinco sets, puedes tomarte una pausa más larga, de 15 minutos, por ejemplo. 

Traten de que las pausas sean un cambio de actividad. O sea, si trabajan en un escritorio, salgan de la silla, den una vuelta, muevan tus extremidades. Eviten ocupar sus recesos para ver mensajes o entrar en redes sociales. Aprovechen para desconectarte de las pantallas. Aquí tienen ejemplos de dos pausas activas con las que pueden cambiar el mood en menos de 10 minutos. 

Yoga para la oficina en la silla

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Pausa activa

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Esto puede sonar medio loco, pero háblense en voz alta. Lo hacía, aunque yo también pensaba que era un tema mío, hasta que leí que sí hay estudios que confirman su eficacia, por eso se los recomiendo. En el mundo de la psicología se refieren a hablar con uno mismo de forma externa, pero diferencian hablarse a uno mismo en un tono motivacional o en un tono instructivo. En este caso, nos funciona el tono instructivo porque dentro de nuestros cerebros activamos aquello que tiene que ver con enfoque, técnica, desarrollo de estrategias y deshacernos de las distracciones; de recordarnos en dónde vamos. Pruébenlo para configurar un equipo o para hacer una receta. 

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Algunas medidas que nos auxilian

El teléfono inteligente se ha convertido en esa herramienta que nos ofrece todo: linterna, programador, despertador, cronómetro, comunicador, madre y padre a la vez. Pero siendo sinceros, ¿les pasa que entran para apuntar algo en su calendario y terminan entretenidos en el chat familiar? No es que fallaron ustedes. Fallamos todos, porque el celular a la vez que es un asistente, también es un rey distractor. Frente a eso, les sugiero algo que me ha venido bastante bien, aunque parezca fuera de tiempo y ha sido recurrir a muchas versiones físicas, manuales de las herramientas de trabajo diario. Algunas son las siguientes: 

Unos audífonos 

Ni siquiera necesitan tener música. La idea es que les permitan por un momento dejar de escuchar las distracciones externas y verán cómo empezamos a entrar en un modo de concentración con la ayuda de ese silencio. 

Un planificador o agenda

Y no pude haber tenido mejor inversión. Me compré una que sea manual y pueda llevar en mi bolso, y que tenga espacio para colocar en cada día los detalles de tu planificación. Busqué una opción que asimismo tenga unas hojas extras al final para tomar apuntes y de paso que tenga una portada agradable. La mía es de una ilustradora que me encanta. 

Un despertador vieja escuela

Un despertador que programas la noche anterior y que te muestra la hora. Esta es una opción que encontré luego de que, tras apagar la alarma, me quedaba dando vueltas en las redes, sin levantarme de la cama. Y aparte de ser un distractor que me hace perder el tiempo (porque no es que he dejado el mal hábito del todo, por si acaso), pone una sobrecarga de luz en mis ojos ni bien me levanto, casi tan malo como fumar a primera hora de la mañana.  

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Category:
  Vida
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