El vinilo y el poderoso vicio de coleccionarlo

Escrito por Be Life 2 años agoSin comentarios

Vino el cassette, vino el disco, vino el streaming y seguirán viniendo nuevas formas de comernos la música, pero el vinilo no se va. ¿Qué tiene esa crepe sólida y negra de 12 pulgadas que nos hace regresar a sus surcos y abrazarnos a ellos pese al paso del tiempo?

Hoy el vinilo ha tomado viada con furia e incluso se ha puesto a competir frente a frente con las ganancias del streaming. Para este año 2017, la venta podría superar los 1.000 millones de dólares entre discos nuevos, usados y tocadiscos.

Pero este gusto por adquirir vinilos viene desde hace rato porque es un objeto digno de coleccionar. Cómo no, si tienen portadas lindas, los hay con música de todos los tiempos, hay ediciones especiales que no volvieron a asomar en ningún otro lugar (y que por supuesto, no las encuentras en streaming).

Los vinilos tienen ese no sé qué que atrae a comprarlos sin piedad, no importa si tienes o no tocadiscos. Es lo de menos, créanme, al menos en un inicio. En esta vuelta, conversé con algunas personas para cachar qué les motivaba y me encontré con tres tipos de coleccionistas. Seguro si tienes la misma afición o si estás empezando, te identificarás con alguno de ellos.

 

El que los colecciona por adicción a la música

Los acumula a toda costa y no le basta con tener un ejemplar de cada uno. Tiene uno para mantenerlo intacto y el otro para gastarlo con miles de tocadas. También prefiere comprar vinilos a comprarse ropa, un carro o gastar su plata en trivialidades que no tengan que ver con música. Este tipo de coleccionista tiende a acumular un número elevado de ejemplares, lo que vuelve necesario tenerlos catalogados y en sus plásticos originales para que no se estropeen.

En mi búsqueda me encontré con Hernán Guerrero y su colección de 8600 discos y 24 discografías completas de músicos clásicos: The Beatles, Led Zeppelin, The Rolling Stones, The Doors, entre un puñado más de música transformadora de los 60 y 70. No me cabe duda de que Hernán pertenece a este tipo empezando porque su adicción a la música empezó casi al mismo tiempo que su adicción a comprar vinilos.

Tenía solo ocho años. Imitando a su hermano, empezó por el rock clásico como su pasión primaria y años más tarde, cuando se dio cuenta de que este género era finito, pasó a escuchar y coleccionar otras cosas. Más, más, sin parar.

Mientras conversamos en el cuarto donde archiva una parte de su colección, suena de fondo Björk, Nirvana, Eric Clapton, Blondie, Talking Heads, Men at Work. Todos los estantes están repletos de música o de cuadros de músicos o de adornos relacionados con sus músicos favoritos.

Entre sus fetiches están, por supuesto, las versiones raras. Mezclado en el estante de madera, Hernán estaba la Colección de The Traveling Wilburys, la superbanda de los 70 formada alguna vez por George Harrison, Tom Petty, Roy Orbinson, Bob Dylan, Jeff Lynne. Otro rarísimo es el de The Quarrymen, la banda de Lennon, McCartney y Harrison antes de los Beatles, del que Hernán consiguió la edición grabada en Hamburgo.

En el 78 me compré mi primer disco: Machine Head, de Deep Purple por “Highway Star”. Ese con mis ahorros”.

Pero hablando en serio, para cargar 8600 vinilos debes tener o mucho billete o mucho olfato para conseguir todos los que quieres. “Perdí la cabeza con eso. Claro, comencé a hacer cosas que no se debían hacer… como hurtar cosas de la casa”. Vendió un par de alfombras, la licuadora, incluso un armario, hasta que se dieron cuenta sus papás, ¡pero es que cómo más, si estudiaba! También aprovechó de amigos que se iban como aquel alemán que se hartó de Quito y dejó un baúl lleno de discos que su hermano terminó vendiéndole a Hernán a precio de huevo.

Hernán tiene cada disco protegido por una envoltura plástica transparente, los mira y los cuida como a reliquias. Le brillan los ojos cada vez que se encuentra con uno que no recordaba que tenía, como cuando encontramos el Tango in the Night de Fleetwood Mac o el Hot Space de Queen.

 

El que empezó su colección con discos “basura”

Aquellos que viven la nostalgia del vinilo se toman su tiempo, encuentran el momento ideal para escuchar las canciones que emanan de aquel círculo negro lleno de brillo. Conversando sobre cómo la música te acerca a otras personas y pone hermosos temas de conversación sobre la mesa me encontré con Alex Illingworth, un creativo guayaquileño que, además, es músico y principiante en el oficio de coleccionar vinilos. Su afición empezó hace poco cuando vio a su mamá sacar a la basura una bolsa negra grande. “Iba a botar un montón de discos que escuchaban con mi papá y que yo reconocía”. Ahí estaban el Greatest Hits de Simon & Garfunkel, algunos de los Corvettes, me acuerdo”.

Alex puede pasarse contando infinitos relatos alrededor de sus vinilos. De sus ediciones únicas. De la música que encontró en ellos y que lo influenció para siempre. “Me acuerdo que un día mi primo me llama: -‘Oe, una señora dejó parqueadas en la vereda dos cajas de discos para que se los lleven los de la basura. ¿Tú coleccionas, no? ¿No los quieres?’ y yo le dije que obvio que los quiero y fui por ellos a su ciudadela. Esa caja tenía discos de música tipo boleros, pasillos, salsa, géneros que influenciaron lo que estoy haciendo ahora”.

Foto: Adriana Gómez

Alex está a punto de lanzar su primer disco como cantante solista y su música se siente remojada en esas canciones del recuerdo que tienen por ahí bien puesto el sabor a latinidad. La gratitud atraviesa su sonrisa cada vez que habla de la suerte que ha tenido al encontrar discos tan bacanes para sumar a su colección.

“En una época donde la música se hace más invisible y todo tan pasajero, tienes al vinilo que es sensible, lo tienes que cuidar. En ese sentido lo sientes más humano, y eso significa que no es perfecto, que su sonido no es perfecto”, dice Alex y al mismo tiempo revisa con las yemas de sus dedos, su colección catalogada según el origen de las bandas: música en español, en inglés y de otros lugares más recónditos. De pronto interrumpe, se queda pensando y continúa: “Lo que más me gusta es que crea un momento. Cuando quiero escuchar un vinilo voy a sacarlo de su caja, voy a ponerlo, y hasta que se acabe, no voy a tocar ese aparato”.

Sus favoritos: El Acabou Chorare de Novos Baianos o el Peperina de Serú Girán que se lo regaló su novia.

 

El que los utiliza para tocarlos en vivo y samplear

Este tipo de coleccionista no se aferra a sus vinilos, pero no por eso deja de amar tenerlos en sus manos. Sabe que los discos se dañan con el uso, se desgastan y que su empaque irá perdiendo color.

Cada disco es parte de un ritual en el que el coleccionista transforma el sonido que sale de él y lo hace parte de una obra más grande. De esta categoría, me encontré con José Miguel Dávila, a.k.a. Dj Mic, otro melómano, pero sobre todo seguidor de la música negra. En su colección hay full funk psicodélico, soul, hip hop, dub y música africana. Entre sus discos favoritos, que también tienen algunas de sus canciones favoritas para pinchar, están el de los de Quasimoto, Dj Shadow, el nigeriano Fela Kuti y el de cumbias psicodélicas del Perú, Roots of Chicha. Pero la lista es larga y cada uno de sus 400 vinilos tiene una historia.

“Soy un expedicionario musical. No tendré algunos clásicos como el Dark Side of the Moon, pero me he encontrado con otros increíbles, como unos que tengo de Carlota Jaramillo y ese original de Julio Jaramillo que conseguí en San Francisco en tres dólares.”

A Mic le encanta ese valor de compartir la música a otros, de mostrarla a través de la experiencia de seleccionar sus vinilos y eso fue lo que le llamó la atención de ser dj a inicios de los 2000, cuando vivía en Buenos Aires. Llegó por coincidencia a los vinilos, pero ellos dibujaron el camino hacia el mundo del hip hop donde Dj Mic empezó a hacer sampleos y acompañamiento para bandas. Cuando tiene una tocada lleva su bolso con la selección de vinilos que va a utilizar, acompañados de la mezcladora y la tornamesa y no hay nada que pueda salir mal.

Dj Mic le da valor a detalles simbólicos como tener un disco firmado por el mismísimo Kurtis Blow.

Los discos de estos coleccionistas no se limitan al gusto musical fijo. El Dj es fan de cachar nuevos sonidos. “Me gusta por ejemplo, utilizar los sonidos de los discos de niños para darle un ambiente a las voces de rap. Risas, algunos gritos, ruidos como el rugido del lobo de La Caperucita”. No hay límite para jugar con samples y lo ha hecho para músicos de rap como Equis, Marmota, Batu, Funkee Bom.

Un coleccionista dj vive la magia de poder manipular el objeto. “Siempre me pareció increíble lo físico del vinilo. En oposición a la tecnología digital de ahora, la música está ahí en un surco y va viajando por ese surco en espiral. Si le paras con la mano, se para, y depende de la velocidad a la que gira. Es tan tangible que si se mete una pelusa debajo de la aguja, va a sonar un ruido”.

“Cuando ya tenía mi colección de unos 50 vinilos me lancé a tocar en fiestas, de gratis. Me gustaba que me pongan en el afiche como ‘Dj Mic 100% Vinilos”

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  Música
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