Jaime Tamariz, Vamos todos al microteatro

Escrito por Be Life 3 años agoSin comentarios

Era la primera vez. Con nervios y con la adrenalina inyectada en la sonrisa, Jaime y Denisse alistaban a su gente. Faltaban cinco minutos para estrenar “El Amante” de Harold Painter, su primera obra -corta, cortísima-, en una casa antigua en el barrio Las Peñas. Con este experimento confirmarían si podían convocar al público porteño y a la vez sustentar todo su plan de vivir de la mano del teatro.

Era una noche de verano del 2009. Y mientras esperaban, acaso, la llegada de un par de amigos y con suerte de algún familiar, afuera de la casa se formaba una gran fila de gente curiosa que, al igual que el elenco, se enfrentaría por primera vez a eso que llamaban microteatro.

“La verdad, yo pensé que no iba a ir nadie, pero fue un exitazo. Se quedaron filas de gente afuera. Estaba sorprendido. Seguimos dos semanas más, la gente seguía viniendo y solo paramos porque la actriz principal se quedó embarazada”, cuenta Jaime Tamariz, actor, director teatral y el cofundador de Microteatro GYE.

 

Afuera de la casa se formaba una gran fila de gente curiosa que, al igual que el elenco, se enfrentaría por primera vez a eso que llamaban microteatro.

Jaime Tamariz estudió teatro en Madrid y vivió 8 años en España. Cuando regresó a Guayaquil, quiso ser parte de su activación cultural.

 

15 minutos y siguiente. Sin complicarse.

15 minutos, cinco dólares, una obra que atrapa y un espacio minúsculo donde caben actores y público, hacen parte de esa fórmula con la que las artes escénicas se han reactivado en Guayaquil como nunca. El microteatro llegó en un momento especial para el arte en la ciudad. La música empezaba a soltar nuevas bandas, la fotografía y el arte contemporáneo brillaban por sus apuestas y también se inauguraron espacios como el Teatro Sánchez Aguilar.

Eso significó que para el 2010 y de ahí en adelante, hubo más cosas que hacer en Guayaquil que tuvieron que ver con cultura; más artistas, más vida. Ahí, este género teatral encontró un buen caldo de cultivo para crecer y ser feliz. Los primeros en hacerlo fueron los chicos de Daemon, Jaime y Denisse Nader, quienes al poco tiempo de la experiencia en Las Peñas, lanzaron Microteatro GYE.

La movida tiene que ver con que, en Guayaquil empezaron a pensar el arte -y el teatro incluido- como algo que no tiene por qué complicarse ni ser algo rebuscado y difícil de entender. Se hace con lo que se tiene. “Hay limitaciones, pero esas son las fronteras donde se puede ser más creativo”, dice Jaime. En el microteatro no hay luces especiales ni micrófonos, “pero los actores están muy cerca tuyo. Puedes ver las lágrimas en los ojos, puedes ver las venas, el sudor. Sentir los olores”.

En el microteatro no hay luces especiales ni micrófonos, “pero los actores están muy cerca tuyo. Puedes ver las lágrimas en los ojos, puedes ver las venas, el sudor. Sentir los olores”.

La obra “Cómo ser un seductor” es parte de la programación de octubre en Microteatro GYE. Está basada en la película Play It Again, Sam del director Woody Allen.

“Un teatro más posible”

Ahí está lo emocionante. Si la obra es corta, tiene que ser intensa. Eso es crucial para Jaime y parece que para el público también, porque decenas de personas no dejan de llegar a las funciones que estrenan. Hay obras que se llenan y en un cuarto pequeño, entran hasta 30 personas para cada función. A full.

En estos tiempos donde todo se vuelve más breve, las obras de microteatro se adaptan al consumo cultural que buscamos los jóvenes. “Son 15 minutos: no te vas a aburrir. Cuando no te gusta el teatro, lo que ves se vuelve lento. El microteatro ofrece esa alternativa que a la gente le parece más posible”.

Por eso, para ir a una función no necesitas tener demasiado tiempo de sobra, tampoco necesitas demasiado dinero en el bolsillo, ni ser un profundo conocedor de las artes escénicas. Vas, te sientas y sales. Y si quieres, hay otras obras a las que puedes entrar después. ¡En 1 hora puedes ver hasta tres funciones!

El formato adquirió tan buena recepción, que en los últimos años han aparecido también otras compañías que hacen microteatro en varios puntos de la ciudad de Guayaquil. Pop-Up y el Altillo son dos de ellas. Y además, las compañías que habían desde antes, también se han reactivado. Los nuevos tiempos del teatro despiden una brisa agradable en la ciudad y abren las puertas a un montón de nuevas posibilidades creativas. 

La nueva casa

Hace un par de años, el espacio de la casa de Miraflores les empezó a quedar corto. De pronto, apareció una luz en el Malecón del Salado: construirían un espacio donde las artes escénicas se mezclen con la gente, las tardes de café y la conversa.

Desde junio del 2017, el espacio La Bota funciona a orillas del estero y ofrece arte a quienes se dan una vuelta por ahí. Microteatro GYE tiene su espacio en aquel complejo y cada mes inaugura una nueva temporada con cinco o seis obras, distribuidas en las seis salas que tiene la sede.

Su popularidad le ha dado grandes sorpresas a la gente de Guayaquil y la que va de visita. Y ni hablar de los gestores y actores, quienes ahora ven posible vivir con el teatro, hacer teatro, escribir obras, montarlas y tener un público que pague por verlas.

La obra “Cómo ser un seductor” en acción. / Foto: Cortesía de Verónica Garcés

La historia del microteatro ¿en dónde nació?

En tiempos de la reciente crisis en España, por ahí en 2008, el teatro empezó a decaer y los artistas, a quedarse sin empleo. Entonces, se pusieron a buscar formas de trabajar con los medios que tenían al alcance en ese momento.

Un grupo de actores optó por alquilar una casa, por la Gran Vía de Madrid. Era un antiguo prostíbulo que tenía muchas habitaciones. Cada actor ocupó un cuarto y montó en ese espacio su propia obra y cobraban $4 de entrada por cada una de las obras. Enseguida se volvió un evento popular al que muchos querían acudir. La idea se ha corrido como chispa ardiente por varios países. Buenos Aires, Bogotá, México tienen sus espacios, todos siguiendo la misma fórmula base: 15 minutos (o menos), 1-3 actores en escena, precio módico, harta intensidad.

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  Arte
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