La importancia de dar la contra — Diego Spotorno

Escrito por Be Life 1 año agoSin comentarios

 

Con Diego se puede hablar de largo. Algunos de ustedes puede que le cachen de la TV, de Solteros sin Compromiso, otros de sus campañas para el bienestar animal, otros puede que se lo hayan encontrado en algún concierto en Fediscos. Su carisma es como un adornito que lo acompaña a todas partes.

De hecho ha sido una característica suya desde siempre, la que lo llevó desde sus 19 años a convertirse en un talento de televisión, figura pública que le llaman. Este guayaquileño, de apellido argentino y sonrisa contagiosa, pasó 20 años de su vida hablando a las cámaras, sin dejar de ser quien es, pero mutando. Conoció de cerca el reconocimiento mediático, coqueteó con él y ahora, en 2018 es la herramienta para mover otras cosas.

Si no haces lo que todos quieren que hagas eres un rebelde. Si quieres cambiar lo que sientes que está mal, también. En ese caso, Diego juega a las de rebelde utilizando elementos del sistema. No ha dejado de sonreír a las cámaras, pero con esa presencia trata de mover las piezas a su favor y al de sus causas. Para esas personas que quieren entender por qué a veces es necesario salirse de la raya, aquí va una conversación que nos saca las dudas y nos inspira a atrevernos a pensar desde otras partes.

__________________

Luego de media vida dedicada a la TV, ¿A qué edad decidiste empezar a pensar en tomar una dirección diferente?

Durante los últimos cuatro, cinco años, esta ha sido la temática de mi vida. Se empezaron a dar cambios, estaba cerca de cumplir los 38 y ya me había cuestionado lo que había hecho, y si tenía significado. Empecé por pedirlo dentro del mismo status quo de la televisión, pero terminó sacándome porque era una piedra en el zapato. Fue como un golpe de realidad y me di cuenta de que no estaba siendo feliz y no estaba haciendo todo lo que quería. Aparte, me sentía con una responsabilidad gigantesca. Con todo el cariño de la gente, no quería mentir más. Esa postura hizo que enfrente mis miedos, ponga todo en perspectiva. Creo que ese fue el punto en el que empecé a dudar de todo para volver a formarme, cuando empecé a preguntarme: ¿Qué tal si estoy equivocado? Me abrió el espectro de bondad. No soy un santo ahora, pero pensé que lo que hacía en televisión tenía que valer más la pena.

 ¿Cuáles fueron los primeros pasos para salir de la TV?

Ya empoderado, empecé a hacer estos casos, pero de una forma más real. No ir a cumplir el sueño de la niña que quería conocer a Diego Spotorno y dejar la foto, sino ayudar a un hombre que necesitaba una máquina para respirar. Hicimos una campaña para conseguir ese dinero. Igual con una señora, que vivía en un lugar inaceptable,  para que tuviera una casa. Usamos mis redes, hablé con los de Hábitat. Poder darme cuenta del poder que tenía despertó una responsabilidad de que puedo cambiar la vida a las personas. Un día, más adelante, también me di cuenta de que amaba los animales pero me los comía. Y sí, así estamos construidos, pero a través de este empoderamiento pude un día decir ‘no, no quiero más’. No sabes la paz que me da esa decisión hasta el día de hoy. Es algo que también agrandó el espectro de bondad. Luego no solo no me los quería comer, sino que los quería rescatar y cuidar. Así terminé en el lugar en el que estoy ahora.

¿Implicó sacrificios?

Sí, claro. Hubo puertas que se cerraron, auspiciantes que dejaron de estar. Pero no corresponden a este estilo de vida. Igual, creo que lo que mi situación no es única. El mundo está yendo para allá, y de alguna manera somos algunos los que estamos buscando que a partir de estas actitudes podamos aspirar a un mundo mejor.

¿Crees que en estos tiempos en los que podemos darnos cuenta de cómo suceden las cosas, es necesario ser “radical” y dar la contra? ¿Cómo lo ves en tu caso?

Puedo ser radical en temas no tan controversiales. De ser un gran amante de la carne animal, pasé a ser un opositor de un momento a otro. Lo mismo con la cola. De un día a otro decidí dejar la cola por completo y ser el enemigo número uno para contar el daño que hace. Cuando me preguntan por qué he bajado de peso, es por la cola. Hay que enfrentar los monstruos grandes. En el tema de los toros también siento que debí ser radical. Con los animales pasó igual. Más allá de un radicalismo que te aísle de estas cosas o de todo, soy radical para que tenga un efecto más rápido y más real y porque es honesto. No puedo ir de a poquito, me sale de golpe. Me siento conforme con esta manera de enfrentar las cosas.

¿Cómo transformaste tu fama en influencia para proponer a la gente que empiece a pensar diferente? Suena difícil a veces. En Ecuador veo a pocos que se animan a hacerlo.  

Claro, yo siento esa responsabilidad de poner en la mesa estos temas importantes y sé que llego a ese target de los medios tradicionales de información y entretenimiento que prefiere no tocar esos temas o darlos a conocer por el solo miedo de que les genere pérdidas económicas. Yo siento que soy ese espía de los que tienen información y quiero que todos tengan acceso a ella.

 

Poder darme cuenta del poder que tenía despertó una responsabilidad de que puedo cambiar la vida a las personas. 

 

 

Más allá de un radicalismo que te aísle de estas cosas o de todo, soy radical para que tenga un efecto más rápido y más real y porque es honesto.

 

 

 

 ¿En algún momento te sentiste en el punto en el que tenías que escoger entre ser un talento de televisión y decir tus discursos en voz alta?

Es que eso fue lo que pasó. Confiaba en el sistema al que pertenecí por 20 años, pero sabía que las personas que gerencian el canal están en una rueda de la que no se pueden bajar. Al final del día pueden apoyarte en algún proyecto pero su fin es facturar a los auspiciantes. Empecé por negarme a hacer cosas triviales y prefería irme por atender causas sociales. Ayudar de verdad. Al principio me dieron bola y la productora aceptaba, pero primaba lo otro.

¿Qué eventos recuerdas de esa época en la que empezaste a cambiar tu forma de ver todo?

Me negaba a hacer cosas que fueran en contra de lo que pensaba, cosas tan simples como que en el programa les vendieran la idea de darles cola a los niños. Eso a la larga me generaba inconvenientes. En una ocasión recuerdo que me opuse a la idea de un programa en el que la promo para un chiquito reguetonero de unos 12 años era “Búscale la novia”, ¡algo que me parecía tan equivocado! Hay muchos otros enfoques para promover la música de un peladito. Los conflictos eran de ese tipo.

Por esas situaciones, pensaban que yo era un aniñado que quería estar solo adentro y empezaron a mandarme a realizar solo cosas afuera. Pero de esa forma vi cómo podíamos ayudar a transformar a la gente. Me dieron cariño, me dieron gestos que son eternos.

Otra vez, recuerdo que hice un posteo más radical porque fui a una tocada en un 9 de Octubre y fui a un evento donde tocaba la banda Ludovico. Fui con Lucho Rueda y sentí el Guayaquil de esta escena brutal que está queriendo salir de donde está todo el tiempo. Fui en lugar de pasar por un concierto de música más masiva porque siento que la pelea no es justa. Cuando escribí eso en redes sociales, mostrando mi contrariedad, me llamaron a gerencia y me mantuve y no lo bajé. Un día me llamaron a una reunión intentando topar temas legales. Yo los escuché, les dije un par de cosas y me fui. Obviamente me despidieron y me liquidaron. 

¿Qué responsabilidades conlleva ser una persona pública?

En mi caso la responsabilidad es no decir más mentiras o algo que no sienta que sume. También respetar los espacios para tocar ciertos temas, pero no callarlos por no incomodar a la sociedad.

 

 

 

Empecé por negarme a hacer cosas triviales y prefería irme por atender causas sociales. Ayudar de verdad. Al principio me dieron bola y la productora aceptaba, pero primaba lo otro.

 

 

Por otro lado, haces lo que quieres. ¡Esto de encontrarle trabajo a tu pasión hace que tus trabajos sean de sueño! No todos los activistas han logrado que les paguen por lo que hacen.

En mi caso fue completamente natural. Mi novia, Nathaly me ayudó a encauzar mis pasiones y luchas,y así pudimos navegar en el mundo del activismo animal. Con el tiempo también aprendimos a diferenciar quiénes quieres ayudar, mejorar y quiénes solo quieren brillar, destruir o negar. Por ejemplo, estuvimos en varios eventos de Jimmy Jairala (prefecto de Guayas) a quien conozco por amigos en común. Ahí nos identificamos con la visión de vivir en una sociedad amable con las personas y con los animales, así que se puede decir que llegamos por las razones correctas y con la ilusión de generar una cultura de paz para vivir.

A veces decimos que no nos importa la política, pero hay actitudes personales que son actos políticos. En ese sentido, ¿haces política?

Pasé por esa etapa de pensar que la política es toda sucia. Y claro, hay mucha suciedad, demasiada, pero no todos los políticos son así. Y entendí que si quería ayudar a vivir en una mejor sociedad, mi rango de acción y resultados es mucho más amplio mediante la función pública. Eso sí, un objetivo siempre fue llevarla con honestidad y devolverle esperanza a las generaciones jóvenes. Tengo claro que podemos ser una ciudad amable con sus ciudadanos y sus libertades.

¿Se puede ser libre sin ser rebelde?

Vivimos en una ciudad que nos tiene presos. Siento que necesitamos orden, sí, pero también que nos dejen expresarnos en las calles, recuperar el derecho a la ciudad. Esa libertad es por la que quiero luchar. Pero también hablo de libertad después de romper varios prejuicios sobre ciertos temas con géneros musicales, bienestar animal, alcohol, guerra contra las drogas, entre otros temas. 

Tengo claro que podemos ser una ciudad amable con sus ciudadanos y sus libertades. 

 

Vivimos en una ciudad que nos tiene presos. Siento que necesitamos orden, sí, pero también que nos dejen expresarnos en las calles, recuperar el derecho a la ciudad. Esa libertad es por la que quiero luchar.

 

Category:
  Vida
este post fue compartido 0 veces
 2500

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada