Los EDOC atraparon al público de sus ciudades sede: Quito, Guayaquil y Cotacachi. A cambio, les brindaron la llave para la puerta a mundos nuevos. Muchas llaves. La edición 17 mostró el brillo de lo que este festival representa para la cultura: un espacio al que la gente puede ir a explorar y sorprenderse. Porque ninguno de sus espectadores ha explorado suficiente, ya sean cineastas, expertos culturales, caminantes o gente normal como yo. Y la sorpresa siempre va por delante.

La lluvia y el frío no pudieron con los que querían ver cine y las salas hasta quedaron pequeñas. Muchas muchas funciones agotadas y mucha gente en las filas desde tempranito. ¡Todo un ritual! En este post, les resumo algunos highlights desprendidos de testimonios que entraron a las salas, de transeúntes, de gente que hace cine y de lo que tuve la oportunidad de ver yo. Aquí les van.

Las prelis en los pasillos

Los halls y pasillos de las salas son lugares donde reina el cuchicheo y de esas conversaciones podías sacar muy buenas ideas de qué documentales ver. Ahí además tenías la oportunidad de conversar con los directores y hacerles preguntas sobre la película para conocerla más a fondo.

Para los cineastas es aún mejor. El networking se vive ahí más que en muchos otros momentos del año. “No hay un momento de encuentro y la realización de un networking formal, pero te topas con muchos compañeros trabajadores de lo audiovisual en las esperas y es importantísimo que eso suceda”, dice Daniel Romero quien fue asistente de producción del Festival, pero además es fan del cine documental.

 

Ver películas que no tienes idea que ibas a ver

Emilia Ponce también concuerda en que es una manera de descubrir situaciones que no tenías idea de que eran posibles. Ella entró a Huahua porque un amigo le recomendó, pero no tenía idea de qué se trataba. “Me encantó ir a ese cine. Nunca había ido antes al Ochoymedio. Ahí conocí más de la cosmovisión andina, algo de lo que no tenía mucha idea. Nosotros los latinoamericanos somos muy de familia y a veces lo negamos. Ver estas películas y mejor si son ecuatorianas, es vernos a un espejo, aunque a veces vayamos sin esa intención”.

A veces un título puede servirte para profundizar un tema en el que ya estabas metido. Daniel Romero siente que puede funcionar también para ver situaciones dentro de un campo de estudio, pero que no están en los libros. Conocer situaciones, descubrirlas. A veces el impacto es mayor cuando lo ves de esa forma. Ariadna Vargas tuvo ese choque cuando vio Craiglist Allstars. “Lo impresionante es que unes cabos: esa película la juntas con ideas que ya tenías en la cabeza o con cosas que ya has leído y no puedes dejar de pensar luego de verla”.

La emoción de ver que el arte puede transformar momentos

Valeria Suárez, directora y productora de “Siguiente Round”, está convencida de eso porque lo vivió. “El cine tiene un potencial de mover a la gente. De mover fibritas, hacer pensar sin decirles todo literal. Terminas la peli, te identificas con los personajes y salen ideas de la gente, iniciativas que de otra forma no se harían”. “Tú quieres conocer a Pachín (personaje del documental), y quieres saludarlo y salvar a todos los Pachines del mundo”, dice Ernesto Yitux, el otro director del documental guayaquileño. Este documental muestra cómo un semillero de box en Isla Trinitaria, en las periferias de Guayaquil, se vuelve un nido de esperanza para muchachos que de otra manera, estuvieran teniendo una vida no tan agradable, sin pasiones que perseguir.

El cine documental, sin necesidad de llevar una moraleja o decirte qué hacer, te impulsa a reflexionar sobre las temáticas de fondo. Lo vimos también en “Un hombre mejor”, de los directores de Attiyah Khan y Lawrence Jackman, que muestra cómo una mujer enfrenta la violencia de su ex pareja, enfrentándolo y conversando con él frente a la cámara, 20 años después de las agresiones.

El chance de sacar tus películas y estrenarlas en un festival reconocido por los documentalistas a nivel mundial

EDOC es un festival al que el mundo documental respeta y quiere. Lo podemos ver en las más de 1500 postulaciones de casi 100 países que se recibieron en esta edición. De esas, 88 fueron seleccionadas y, de esas, varias ecuatorianas fueron proyectadas por vez primera en una pantalla.

Cynthia Guaña, la joven directora de “Cuando los senderos se bifurcan” pasó de ser una estudiante de la clase de documental de su universidad a estrenar su trabajo final en los EDOC. La oportunidad es grande. Gracias a este espacio, la gente pudo conocer a los nóveles directores originarios de varias ciudades del país en una actividad paralela de exposición de cortometrajes de la UArtes.

Un momento para ver un cine ecuatoriano diferente

Daniel Romero hace hincapié en que muchos espectadores llegan con mayor esperanza de ver cine ecuatoriano. A diferencia de las salas de cine comercial, en el EDOC hay otra expectativa y sí hay esa percepción de que son temas más cercanos al público”. Alfredo Mora, director del Festival, cuenta que hay un realce en las propuestas de cine con mirada documental en Ecuador cuando antes lo común era que los cineastas locales destacaran por películas de ficción.

La gente se saca tiempo de donde sea

“Hay gente que saca vacaciones para venir a las funciones” cuenta Virginia Sotomayor, de comunicación de los EDOC. Y sí. Cuando estás en los EDOC, te das cuenta de que sí podrías sacar más tiempo para actividades diferentes en la ciudad. A veces estamos acostumbrados a seguir el círculo de confort. Sabemos a dónde ir a fiestear, sabemos a dónde ir a comer, dónde encontramos ropa, pero la ciudad crece y así mismo crecen las ofertas culturales. Verlas como una opción es un tema de sacar tiempo y ese tiempo siempre es una inversión para aprender, para sentirte diferente.

Dios está en los detalles

Para que esto funcione se necesita de meses de trabajo. Y se notó. La coordinación de las salas, la puntualidad en los horarios y la cantidad de actividades paralelas a las proyecciones nos hacen pensar en la belleza que engloba el caos de los festivales. La bulla, la gente que viene y va, la que se sale de las películas, la que no pudo entrar y se queda afuera tomando un café, la que encuentra a su amiga de hace mil años en esa espera y tantas otras se mezclan con cada minuto.

A mí me encantó que haya habido una inauguración muy maquinada: ¿Cómo hacer que todos recuerden ese día? Pues con una película inolvidable. “Muchos hijos, un mono y un castillo”, del español Gustavo Salmerón, fue una película que hizo reír a todos y presentó también el drama a su manera. Y era un documental. De pronto, más de 500 personas en la sala Alfredo Pareja nos unimos en una carcajada.

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El cine viene en envolturas diferentes y el contenido también es diferente. Probar el sabor de cada sorpresa es algo que no siempre podemos vivir, pero en los EDOC hay momento suficiente para darse el gusto. Así llueva o haga un frío que no puede más.

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