¿Limitaciones? Ellos creyeron que
las tenían hasta que saltaron al arte

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Las ganas. Eso que te hace sacar todo de ti para mostrar que aquello que parece un límite, puede ser una catapulta para cumplir ideas más grandes. No todos nacemos iguales y mientras crecemos nuestros cuerpos también pueden cambiar. Las discapacidades físicas y mentales pueden parecer esa piedra en el zapato, pero qué pasa cuando lo vemos desde otro lado: como esa chance para movernos, para ser diferentes por lo que podemos dar. 

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Hacer música a dos manos, con una mano

En medio de la neblina, a 11 grados, el Rojo llega en la bici con su mochila. Lleva puesto un calentador y hoy se ha recogido sus churos rojos con una cola alta que deja ver el rasurado al ras al lado derecho de su cabeza. Entra corriendo al edificio, sube a la segunda planta y despliega su mat en el piso de madera. Están respirando. Luego: manos arriba. Rojo deja ver sus brazos pecosos y en ese estiramiento, los dedos de su mano izquierda no se mueven. Los dedos de hule son parte de una prótesis que reemplaza su extremidad desde el codo. Luego sigue un perro que mira hacia abajo, luego la postura de cara de vaca, luego una plancha y nada, ni el frío han impedido que siga el flow de la rutina de yoga de este lunes por la mañana. Rebobinemos: llega en bici a sus clases de yoga. Sigamos: Se va de vuelta a su casa para viajar a sus clases de piano en la universidad.

Le dicen así, Rojo, porque es pelirrojo natural, de esos que escasean en Ecuador y en el mundo. Y ese mismo nombre, intenso, lumínico, decidió también ponerle a su proyecto musical. Ah, es que el Rojo es músico de profesión. A sus 21 años, tiene la seguridad de que lo que hace a través de la música le hace bien, un camino que inició cuando tenía apenas nueve. “Estaba en un colegio en el que me hicieron escoger un instrumento”. Violín, chelo o piano, le preguntaron. Y escogió el piano. 

Y lo sigue escogiendo, aun cuando en su proyecto actual también canta y toca la guitarra.  Y lo ha escogido desde ahí porque incluso entró de lleno a estudiarlo en un conservatorio y más adelante en la universidad. Andrés Arauz, su nombre de nacimiento, es un árbol creativo que se sujetó a sus propias ramas para florecer, asumiendo su limitación y practicando, practicando sin parar. Con su mano derecha toca la melodía, y mueve su brazo izquierdo para tocar notas complementarias. No necesita mucho más. El piano le enseñaron (le enseñan); la guitarra, aprendió solo. 

Como artista y con un brazo ortopédico, saber que es bueno no puede bastarle. No le queda otra que seguir estudiando y repasa, intenta, se apropia de un estilo que él mismo debió crear para que la música se acople a las herramientas que su cuerpo le brinda. “La otra vez hablaba con mi profe, Gianni (Bianchini) y me decía: ‘Te admiro, pero justo por esto, tienes que esforzarte el doble que el resto’”. Era algo que Rojo ya lo sabía, pero no lo consideraba siempre. Y esa conversación con su profesor provocó un nuevo punto de partida: “porque claro, debo esforzarme más para estar en un nivel en el que pueda trabajar con el resto. Es solo practicar mucho, la única manera de mejorar en cualquier cosa”.

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Pintar desde la paciencia y el anhelo

Hace 35 años, nació Santiago Guillermo en Cuenca. A su madre le avisaron que tenía un diagnóstico particular: había nacido con artrogriposis, una condición física en la que tenía limitado el movimiento de sus manos por un daño congénito. La sola idea, hacía pensar a su familia en pausa, solo que Santiago no paró; un niño de cinco años que no podía usar sus extremidades, buscó lo que podía hacer con el resto de su cuerpo y desde los cinco años descubrió que podía pintar con sus pies. Pintar era todo lo que quería. Con un amor incansable por dibujar y plasmar imágenes con sus pinceles, este artista no hizo más que hacer crecer sus habilidades a través de la práctica. 

Cortesía de Santiago Guillermo

Santiago mueve el pincel de izquierda a derecha. En el lienzo se van pintando líneas verdes que en conjunto nos remiten árboles. Lo hace con su boca. De un lado a otro, con delicadeza. Desde hace varios años, Santi notó que los pies le daban precisión, pero que la boca le permitía llegar a un detalle mayor. Así que ahora pinta desde la boca, con paciencia, observando, imaginando, creando. La calidad y el nivel de detalle hacen que las pinturas de este artista cuencano caminen entre el realismo y el hiperrealismo y conmuevan por su cercanía a la realidad. Algunos de sus cuadros se confunden fácilmente con fotografías y lo que todos se preguntan es ¡Cómo!.

“La vida de un artista no es fácil. En nuestro país no es tan valorado el arte”, dice luego de pasar por muchas dificultades, que incluyen la falta de respuesta cuando pide ayuda para viajar a representar al país. Ahora, eso de ser creativo es algo de lo que no puedes escapar y Santiago ha encontrado las formas de que su arte brille aquí en Ecuador y en el mundo. “Uno de mis sueños es que el nombre Santiago Guillermo sea reconocido en el mundo”, cuenta Santi. Y tal vez ya ha pasado algo así o está en el camino, porque sus cuadros han estado expuestos en Ciudad de México, en Estrasburgo, en Carondelet, en Quito, en la Gobernación de Guayaquil, así como en diferentes lugares de la provincia del Azuay; en 2011 participó en las olimpiadas de habilidades especiales en Corea y en 2017 expuso en París. Las probabilidades de seguir viajando continúan abiertas. Recién le invitaron a participar en las Olimpiadas de Habilidades Especiales 2020, en Rusia.

Cuadro de Santiago Guillermo

Su estudio, repleto de aquellos juegos con llegar a la perfección a partir del detalle, con la evidencia de su habilidad para entender a la naturaleza y el rostro humano, se ha vuelto un lugar de visitas recurrentes. “Me gustaría que sigan viniendo y conociendo mi espacio, pero sigo haciendo planes para salir y mostrar mis cuadros”. Al momento, está buscando apoyo para exponer en Qatar y Rusia, y en 2020 mostrará nuevamente sus cuadros en su ciudad, Cuenca.

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