Planeta Berlín: caminarlo para sentir que no es pobre, que es sexy

Escrito por Be Life 1 año agoSin comentarios

No es Alemania, no es el Nueva York europeo. Berlín es Berlín. “Es otro planeta”, como me diría el primer día de mi llegada Elsye Suquilanda, una poeta y performer ecuatoriana radicada en esta ciudad desde hace 10 años. Y tenía razón. El Planeta 030 (como lo llama ella en sus libros) es una puerta a la Europa cambiante, al arte desperdigado por las veredas, a los contrastes de tiempos y formas de vida posibles gracias a la libertad con que ha sido construida y reconstruida.

Desorden, prisa muchas veces, pero también calma. Hasta siento su aire un poco tropical. Desde un café en una calle cualquiera del barrio Prenzlauer Berg -sin wi-fi- (porque aquí no hay wi-fi en todas partes como en otras ‘grandes metrópolis’. Ni aceptan débito como en otros ‘corazones del mundo’), les lanzo un atado de calles y lugares imperdibles para entender la dinámica de esta ciudad. Tan loca, tan tranquila. Tan ‘pobre pero sexy’.

En los años 80 y 90, previo a la caída del Muro, los movimientos sociales revolvían las tripas de esta ciudad. Hoy mucho ha cambiado pero quedan las marcas y recorrerlas causa fascinación. El barrio ideal para hacerlo es Kreuzberg, lleno de cultura y alguna vez también base de movimientos ocupas y punks. Se lo siente al respirar, al recorrer el Künstlerhaus Bethanien, un hospital que luego de ser ocupado pasó a ser un centro de arte y cultura. O también el Centro cultural-ocupa Köpi, en Köpenickerstrasse 137, un centro punk importante en Europa.

Para conocer a fondo este barrio y su historia, empiezo por sugerirles caminar por la Bergmannstrasse, la Hermannstrasse, la Weserstrasse. Si ya están en esas, y por ahí quieren ver una vista espectacular mientras se toman algo, recomendadísimo ir al centro comercial Neukölln Arcaden. Parecerá un poco extraña esta recomendación, porque deben entrar por la puerta principal como si fueran de compras, solo que en el ascensor presionan el U6. Y boom. Les llevará a la terraza del lugar: un complejo para tomar y disfrutar con amigos, tomar cerveza y disfrutar del ‘skyline’ de Berlín. Belleza.

Hay un puente re turístico al que de ley tienen que ir porque simplemente su vista vale la pena. El puente de Oberbaum. Queda en la Warschauerstrasse y muy cerca de la Galería del lado Este. Es el que une a Kreuzberg con Friedrichshain. Este puente pasa por encima del río Spree y ofrece una vista del río y de la ciudad (y de la Torre de Televisión o Fernsehturm). El plan es disfrutar el paisaje y luego bajar a los lados del Spree a tomar una cerveza, un vino y si están en verano, les recomiendo aprovechar la frescura de una Radler, un mate con gas, o una Schöfferhofer de toronja roja… lo va-le to-do.

Si les llega la noche, también pueden ir por otros puentes menores pero con vistas fantásticas. El de Friedelstrasse nos lleva a volar un ratito.

 

También sabemos que Alemania es un centro importante del diseño gráfico, industrial, de interiores y de moda. ¿Se podrían resistir a sus propuestas? Si son de los que buscan ir por diseños exclusivos, pero no es su plan ver las marcas que hay en todas partes, entonces pásense por Neue Schönhauser Str.. Acá encontrarán pequeñas tiendas de ropa independientes, editoriales, librerías, en medio de cafés y restaurantes igual de estilosos. Mágico. Hay tiendas que ofrecen productos de autores alemanes y también encuentran diseño escandinavo.

 

Librería Do you read me?? en Mitte

 

¡Y no olvidemos a Mitte! un centro importante donde se concentran varias tiendas entre las de casas ya conocidas y otras en donde encuentras libros, ropa, objetos, hasta plantas. ¡Todo tan bien curado! Además hay museos, centros culturales, pequeños teatros, restaurantes, galerías de arte.

En Mitte piérdanse, recórranlo todo, pero no dejen de pasar por una calle que amé: Augustrasse. Caminen hacia la Orianenburgerstrasse, miren si hay alguna expo en la galería del KW, el Instituto para el Arte Contemporáneo, y visiten la Sinagoga que queda a la vuelta. Es hermosa. Si les gustan las galerías de arte están en un sitio clave: Collectors Room queda por ahí, al igual que Sprüth Magers

Sinagoga vista desde un caminito que me encontré en Augustrasse.

 

Aquí les recomiendo dos cosas según la hora y el día. Si están en plan galerías, la capilla de James Turell en el cementerio de Dorotheenstadt es una brutalidad. Se trata de la intervención del interior de la capilla del cementerio del que extrae su nombre. Turrell colocó 10 diseños de luz LED diferentes para que iluminen el interior de la capilla, convirtiéndola en una obra de arte. Vayan a recorrer el cementerio, encuentren la tumba de Hegel o la de Bertholt Brecht y luego pasen al tour. Ojo, deben haber comprado sus tickets con anticipación en este link.

Para el sur, en cambio, queda la opción para chillear. Alrededor del Hackescher Markt hay un circuito alhaja para hacer. Entren al patiecito de la Haus Schwarzenberg, un foco de artistas que antes de los 90, en tiempos en que esto pertenecía a la RDA, tenía su fuerza y aún es posible ver los vestigios de ese movimiento en el graffiti de las paredes. Esto queda en la Rosenthalerstrasse 39.

Caminar y caminar. Les recomiendo hacerlo. Algo que me está encantando es meterme en pequeños pasillos repletos de plantas que conducen de una calle a otra y en los que sueles encontrarte con pequeños cafés o restaurantes. Berlín es una ciudad para descubrir. 

Caminando me encontré con la Berlinische Galerie.

 

Hecha la difícil en un inicio. Su idioma, sus modales suelen ponernos inseguros al inicio. Pero poco a poco empieza a regalarte cosas. Naturaleza, sensualidad en sus caminos, en sus sorpresas. ¡En su comida! Acá se mezcla la historia de su arquitectura con la historia política de sus límites y la historia de la gente que decidió convertirla en su casa y se vino de todas partes del mundo para buscar suerte. Dicen que Berlín es pobre, que no tiene dinero, pero la gente se mueve despabilada, cambia la cama por fiesta, cambia la prisa por frescura y te sonríe mirándote a los ojos.

Ahora mismo en la esquina han montado un escenario por la Fiesta de la Música – es 21 de junio-, y una banda de post-punk entretiene a chicos y chicas que llegan en sus bicis o a pie. Ahora mismo son las 9 pm y no oscurece. Me tomo una Radler en Kaduka, un café bar en Kreuzberg, y en el subsuelo de este bar montan la exposición de un artista ecuatoriano. Arriba estoy yo, en el Planeta 030 Berlín esperando que algo nuevo me sorprenda.

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