Slow Food: Comer despacio es disfrutar

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Portada: Fernando Sarmiento

Durante 2020, a toditos nos tocó bajarle las revoluciones a la vida. No voy a mentirles, tenía un montón de cosas que no pude hacer, pero ¿cuántos de ustedes en ese desacelere obligado descubrieron que se sentía bien no estar corriendo como locos? Bueno, una sensación parecida tuvieron un grupo de personas, pero con la comida y así nació el Slow Food. 

Ya, ¿y ustedes quieren saber qué es Slow Food, cierto? pues es comer con conciencia lo que ingerimos, despacio, saboreando, probando y poniendo atención. “Es saber que alimentarse es disfrutar”, dice Esteban Tapia, chef/cocinero quiteño que vive y practica el Slow Food. “Pero también es tomar decisiones de cómo te alimentas”. Esta es la frase acertada con la que siguió la conversación, quien ahora es representante de Slow Food para Ecuador y la zona andina. 

Esteban habla de tres puntos que le dan sentido a los alimentos: 

– son buenos, porque son productos de temporada, han sido cosechados en el momento adecuado y vendidos en el momento en que pueden saber más delicioso y no causarnos daño. 

– son limpios, porque están libres de químicos y pesticidas y no contaminan el ambiente

– son justos porque a lo largo de todo el proceso se benefician todas las personas, agricultores, vendedores, quienes transportan, quienes preparan, quienes los comen.

Toda la cadena

Entonces, en el Slow Food no solo hablamos de comer tranqui, sino de que todo el proceso “de la mata a la olla… y a la boca” haga bien a todos los que forman parte de él. Que todos disfrutemos tanto de la cosecha como del sabor que explota en nuestra boca. 

Durante la época de confinamiento por el coronavirus, hubo mucha incertidumbre, pero también propuestas nuevas para vivir mejor. “Nos dimos cuenta una vez más que la solución es la comunidad”, dice Esteban, convencido de que cuando se trabaja en equipo, se puede unir esfuerzos. Por eso invita a que despertemos esas ganas de colaborar y hacer cosas en conjunto. “Está en nuestra manos empezar a conectar”. 

El chef Esteban Tapia usando una de las herramientas de la finca Urkuwayku para hacer actividades de agroecología durante un encuentro de Slow Food.

¿Cómo hacemos comunidad?

Así entonces, lo que no tengamos, lo podemos pedir o cambiar a una persona cercana. Armar una red con proveedores de productos es algo que podría sonar difícil pero es lograble. ¿Cuánta gente alrededor de las ciudades del Ecuador no tiene sus pollos a la venta o sus aguacates o miel de abejas o panes o papayas? Están más cerca de lo que imaginamos y esa cercanía incluso nos conviene porque tenemos la oportunidad de tener comida más fresquita en nuestra mesa. 

Sabores infinitos

Preparaciones a la leña, cocina al vapor usando hojas para envolver, técnicas de asado, entre otras formas nos dan como resultado comidas más variadas y más deliciosas. Todo bien si por el tiempo todo le ponemos en un sartén para que salga rápido, rápido, peeero, las posibilidades de comer diverso y con muchos, muchos más sabores son infinitas y solo se descubren: probando y descubriendo.

Para recuperar nuestra habilidad para encontrar los sabores de los alimentos se necesita más que alimentos y boca. Necesitamos sentir y hacer. Esteban nos recuerda que “recuperamos nuestro sentido del gusto disfrutando, comiendo diverso, buscando”. Por eso, dice, hay que cocinar en casa. “Y para cocinar, es importante retomar los saberes. Todos lo que hacían nuestras abuelas nos da un montón de información de cómo se prepara lo que luego vamos a disfrutar”. 

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Category:
  Vida
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