Apunta estas sopas
ecuatorianas y pruébalas

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Portada por Dana Torres

Una sopa para el frío. Humeante, con la fragancia de sus especias, de sus hierbas. Una sopa para nutrir nuestra tarde y abrigar nuestras emociones equinocciales. El chef Edgar León contó 780 sopas en su célebre “Sopas la Identidad de Ecuador”, un libro donde recopiló todas las sopas que encontró en esta tierra por 15 años. Y cuando pensamos en esos potajes, nos imaginamos algo que se comparte y que tal vez se prepara en colectivo. 

Las sopas tienen un lugar especial cuando hablamos de “la comida de acá”. Eso no quiere decir que todos sean partidarios de la idea de que una sopa hirviendo es un regalo de los dioses. Puedo atreverme a decir que el encanto de una sopa, el viaje interno al confort que puede brindarte, solo se compara con esas alegrías donde conjugamos la nostalgia y el gusto por comer. Ah, y claro, la curiosidad innata, a veces poco explorada en cada uno de nosotros, de descubrir nuevos sabores. 

Encuentren en esta publicación una oportunidad para conocerse y conocer eso que está más allá de sus papilas gustativas. Eso que también tiene que ver con puntos geográficos, anécdotas, legados familiares y un momento compartido como en los tiempos antes de la pande. Recordemos en cada cucharada cuando podíamos topar con gente y escabullirnos a una calle donde vendieran sopa en tarrina o bien a nuestras propias cocinas, sumidos en el humeante sabor de una sopa, un universo paralelo. 

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Caldo de salchicha

Cuando de comida se trata, será bueno entender desde el sabor y las emociones antes que desde el tiempo que requiere su preparación o sus prejuicios alimentarios. Y es que el caldo de salchicha no es guapo. Su caldo es moreno y se debe a que nace de la cocción de la sangre del cerdo, en una infusión densa con hierbas: hierba luisa, albahaca, orégano, perejil. Por eso, cuando lo tenemos en frente, podremos percibir la intensidad de su fragancia. Para prepararlo, se inserta en los intestinos del cerdo, una generosa cantidad de arroz y verde. En las calles guayaquileñas ofrecen caldo de salchicha hirviendo y rociado de limón para cobrar energía, para ajustar decisiones. 

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Locro de papas

Está de más decir que su base son las papas. Pero podemos agregar que su consistencia radica en escoger las adecuadas. Se suele recomendar la papa chola, aunque hay otras que se deshacen bastante bien, dándole esa consistencia espesa que pendula entre una sopa y un puré. Un buen locro se prepara con achiote, mucho mucho queso, yerbita y se acompaña con aguacate. El locro de papa es una institución de la Sierra ecuatoriana, pero en todo el Ecuador lo piden, por esa irresistible combinación de cremosidad con sabor. 

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Mote pata

Este potaje está cargado de sabor, pero también de valor histórico y familiar. Originario del sur del país, el Mote pata tiene un sabor intenso y se lo consume bien caliente. Tiene mote, carne de cerdo, pepa de sambo y maní para el refrito. Cuando piensas en mote pata, piensas también en el Carnaval, la época idónea para prepararlo y compartirlo con tu gente. Parte del secreto está en usar una buena y pura manteca de cerdo para su preparación.

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Caldo de bola de verde

La clave está en la combinación entre majar una parte de los verdes y rallar el resto. De esa mezcla, salen las bolas más exquisitas que, con un buen refrito y manteca, podemos hacer que tenga sentido una bola de plátano sumergida en un caldo, y no solo eso, sino hacer que sepa delicioso. Parte de la magia de esta sopa es su base hecha de hueso, la cremosidad la brinda el maní y entre sus ingredientes están los vegetales como col, zanahoria y arveja para darle consistencia y más sabor. Se acompaña con limón, obvio, como tantos platos costeños.

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Repe

En Loja, la comida es sabrosa y un sello de territorio que se marca con tinta de Sierra y se prepara con alma lojana. El repe es de esos platos que de solo pronunciarlos llaman a esa patria sellada. Es una sopa cuyo espesor forja el uso del guineo verde -ojo, no del plátano verde-, en cocción y ambos ingredientes deshechos en leche, lleva su sabor a un lugar donde el repe se ha convertido en su sopa favorita. Indispensable para comerlo, la yerbita picada, mucho culantro y una canción de Benjamín Ortega. 

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