¡Tengan un hobby! la vida es más que
trabajar y trabajar

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De levantarse, a la ducha. Tomar el café, trabajar, trabajar, trabajar. Pero qué tal si le damos la vuelta a la idea de la extrema productividad e intentamos ver a nuestras rutinas como algo que podemos hacer más agradable. 

Conocemos como hobby a una actividad que hacemos por puro gusto, porque nos hace sentir bien. Algo que no necesariamente hacemos por dinero. Un hobby no necesita tener una explicación para disfrutarlo y practicarlo, nace de un interés puro y genuino nuestro, muy personal, de tener más actividades además del trabajo. 

En tiempos de adultez, la típica es que cuándo nos preguntan: ¿y tú, qué haces? o el clásico ¿qué eres?, la respuesta tiene que ver con el trabajo: “soy ingeniera”, “trabajo en el Municipio”, “estoy encargado de manejar las ventas en…”. Y si nos ponemos a pensar, somos de largo más que el lugar donde trabajamos o el oficio que hayamos escogido. Después y antes del trabajo, la vida sigue. 

Aparte del chorro de estudios que prueban que los hobbies nos hacen bien a la salud del cuerpo y de la mente, podemos probarlo por nuestra propia experiencia. Bordar, armar rompecabezas, andar en bici, escalar, pintar en acuarela, patinar, coleccionar vinilos, tocar la trompeta, o cualquier actividad que hagan fuera de sus actividades obligatorias, bajan nuestros niveles de cortisol (la hormona del estrés) y nos ayudan a bajar las tensiones y nuestra presión arterial. Fuera de bromas, tener un hobby puede mantenerlos cuerdos. 

Algo así le pasó a Pame Pinto, artista digital quien por 10 años trabajó en una empresa como diseñadora gráfica. “Empecé a hacer collage dos años antes de animarme a publicarlos. Entre que estaba en la U y salí de la U, a partir de las herramientas digitales que tenía mientras estudiaba, primero con Illustrator, luego Photoshop”. El collage fue un hobby con el que descubrió habilidades suyas y una sensibilidad para transmitir sus emociones a través del arte. “No siempre trato de decir algo, porque muchos de mis collages son introspectivos, solo sale de mí algo de lo que estoy viviendo, pero muchas personas han tenido conexiones con mis collages. Poder mover con una imagen y que sientan una conexión con eso, me parece increíble”.

Pame ahora se dedica casi de lleno a su obra artística, a hacer collage. Aquellos días de universidad, cuando entre las clases se hallaba un tiempo para sacar sus ideas, tomar fotos antiguas en blanco y negro y contrastarlas con imágenes de colores vibrantes valieron la pena para dar un camino mucho más claro a Pame sobre lo que quería hacer con su vida.

Collage de Pame Pinto

 

Nunca se imaginó lo que iba a surgir a partir de la publicación de su trabajo en las redes. Ahora, si bien al ser artista, no siempre tendrá qué decir frente a algo, siempre trata de enviar mensajes a través de distintos conceptos suyos. “Para mí es un honor que tú quieras tener un cuadro de uno de mis collages en tu espacio personal. 

En el último año, traspasó su idea a las paredes y empezó a hacer paste up, una técnica de arte urbano en la que imprime sus collages en papel y los pega por las paredes de la ciudad, llenando de color y surrealismo el paisaje urbano. “Hubo un póster en especial, que tenía un mensaje: ‘Hagamos el amor’. Cuando lo pegué en las paredes, como puse mi usuario de Instagram, me llegaban mensajes todos los días de gente que conectaba con el mensaje. Aquí y en Barcelona donde también pegué mis afiches. Fue muy loco para mí”. 

Pame Pinto y su afiche para paste up de “Hagamos el amor”.

Pame Pinto y su afiche para paste up de “Hagamos el amor”.

 

Aparte de tener una profesión, todos, todas tenemos muchos más talentos, algunos que ni sabíamos que teníamos. Y descubrirlos puede ser una experiencia liberadora. Lo fue para Roberto Ayala, conocido en redes sociales como @el_hombreayala, quien en un momento de incertidumbre llevó su habilidad en la cocina -una actividad heredada de su familia y que ha estado presente durante toda su vida-, a algo más que prepararse el almuerzo. “Podría haber un hito en el 2009 cuando me fui a Argentina por unos meses. Le pedí a mi abuela todas sus recetas para sobrevivir allá. Después descubrí que es la manera como me puedo relacionar con la gente abiertamente, sin barreras. Me resultaba muy difícil hablar con alguien que no conocía. Con la cocina puedo hablar con la persona que sea, hasta en la fila del banco, si se toca el tema cocina”. Y fue así como empezó a hacer cenas para sus amigos y personas conocidas, en las que él preparaba sus experimentos culinarios, mientras conversaban, pasaban un buen momento alrededor de la comida. 

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Roberto Ayala preparando una pizza de masa de yuca.

El proyecto pasó a ser más grande. Mientras “El Hombre Ayala” trabajaba como piloto en una aerolínea internacional, hacía sus experimentos culinarios fusionando saberes desde la intuición y el gusto, y hasta popularizó sus propias recetas de bread of yuke (como le dice en broma al pan de yuca). Empezó a regalar sus recetas por Instagram y siguió armando eventos con la comida como excusa. Cada uno pone su cuota ahí, todos gozan. “Diversifiqué ese gusto por la cocina”, dice. 

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Tortillas de yuca con leche condensada, de Cocina Clandestina.

 

Ahora, en tiempos de coronavirus, volar un avión no es la opción número por obvias razones. Con más fuerza en la cuarentena, su hobby y pasión, ha tomado el nombre de “Cocina Clandestina” @cocina_clandestina_, un sitio en Instagram donde puedes pedir para llevar originales recetas de pan de yuca, hasta cochinita pibil, pizzas y otras delicias. “El mundo de la aviación es lindo, pero a la vez es terreno hostil. Es frío, solitario. Cocinar te calienta el pecho, te alegra el alma, te hace compartir con la gente ese lado agradable que podemos llegar a tener todos. Te humaniza”.

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Viéndolo desde el aspecto utilitario, los hobbies pueden hacernos más productivos en el trabajo y servirnos para poner algo interesante sobre nosotros en el CV, pero está clarísimo que no todo se trata de trabajo. Ni tiene por qué convertirse siempre en sus próximos emprendimientos. Estos son ejemplos de cómo los hobbies se pueden transformar, pero lo importante es como nos transforman a nosotros. 

Está bueno sentir que simplemente, cuando entramos en modo “dedicarme a mi hobby”, podemos pensar que hay más cosas que pueden hacer a su ritmo, que no necesitan de su experiencia máxima ni su perfección. Pueden equivocarse, pueden aprender, no pasa nada. 

Como Analía Fuente, una guayaquileña que cuando vivió en Buenos Aires aprendió a tejer y hoy se salva de los días tristes y de los feos, tejiendo. En el día a día, trabaja en una agencia de comunicación digital, pero no es su todo. “Tejer me hace entrar en un estado donde solo pienso en lo que puedo hacer con mis agujetas. Cuando veía a mi abuelita que se la pasaba tejiendo no sabía por qué lo hacía, pero ahora, cuando tejo y me relajo y tengo mis piezas terminadas, la entiendo perfectamente”. 

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Nos acostumbramos a pensar que tenemos que hacer algo que nos guste, pero aparece la presión de que tenemos que hacerlo excelente o que tenemos que generar algo. ¿Qué tal si no? ¿Qué tal si nos quitamos la presión de tener que producir tener algún tipo de ganancia incluso con nuestros hobbies? Anímense a buscar los suyos, algo que les guste y quítense esas ideas de la cabeza que a veces nos condicionan y nos privan de la oportunidad de descubrir cosas nuevas sobre nosotros mismos. Y claro, algo que disfruten y no les dé bajón hacerlo, porque disfrutar debería ser un objetivo a la larga, ¿no?

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