Una tarde con Doña Pepa

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Le gusta el café, trabajar desde su casa, pasear por bosques casi secretos y
pasar con sus ñaños, Los Corrientes. La Pepa nos invitó a su vida por un día.

De risa fácil y ojos almendrados, María Alejandra Cervantes encuadra sus días en un cubo sin dimensiones. Se las da de diseñadora tanto como de cantante y acordeonista. Su alter ego, “Doña Pepa”, nació cuando entró a Los Corrientes, y desde ahí tantos la conocemos y nos interesamos por su mundo.

La Pepa tiene sabor y carisma, una sazón que la acompaña y la hace crecer en la banda y en la vida. Su ciudad y su centro es Guayaquil y una tarde nos invitamos a acompañarla a sus rincones preferidos, a sus escondites y refugios.

Nos encontramos en uno de sus puntos de comfort: Comuna Café, un espacio en Los Ceibos donde el café de especialidad se sirve en confianza, con buen gusto, buena música, brisa y wi-fi. Acá viene siempre y toda reunión de freelance que aparezca en su agenda aprovecha para tenerla ahí, en el espacio abierto de Comuna.

Cuando nos encontramos ya había pedido su capuchino de vainilla que por el calor extremo del invierno guayaco se convirtió, con unos hielos y un vaso más grande, en un un Latte de Vainilla Frío. “Pablo (-Jiménez, el dueño y también músico) me dice: por qué pides eso, si no está en el menú todavía”.

María Alejandra, o Majandra, el nombre con la que la conocí en Twitter hace algunos años, freelancea con camellos de diseño mientras se pega sus largos en las piscinas de la música: compone canciones, canta cada día mejor, se inventa proyectos nuevos que algún día sacará. Por ahora, Los Corrientes y las tocadas con Toño Cepeda ocupan momentos de creatividad importantes en su vida.

“Ah, y Al Fresco, aunque ahorita estamos en pausa, es un invento que hicimos entre tres amigas, en el que hacemos eventos gastronómicos con temas específicos en diferentes lugares de la ciudad”. Todo lo cuenta entre risas y mientras toma su bebida con el sorbete de acrílico.

Pero no todo es trabajo, aunque así parezca. A veces se pega sus escapadas a esos lugares escondidos de Guayaquil, en los que hay más flora que humanos.

Cuando habíamos planeado una ruta con sus spots favoritos, no me imaginé que ese pedazo de estero del que me hablaba quedaba tan cerca de Los Ceibos.

Sus padres trabajan en la ESPOL y ella también estudió ahí. Esa fue suficiente catapulta para recorrer el campus de su universidad un poco y encontrarse con lugares precisos para escapar del barullo urbano.

Un muelle, un bosque de Teca y la Pepa caminando por un suelo fangoso, con mosquitos a su alrededor acompañándola.

Respirar y escuchar los pájaros. Reír un poco. Pero sigamos.

Aunque lo suyo no es viajar ni tener hobbies por cientos, tiene en su lista de actividades preferidas las escapadas a la playa con su hijo de 12 años y su novio. Lo suyo es hacer las cosas que ama a diario. Por eso algunos de sus trabajos consisten en hacer música y, otros, en crear.

La siguiente parada tiene que ver con eso. Vamos a Urdesa Norte a visitar un ratito a Geraré, a “El Cubil”, ese lugar maravilloso donde sucede la música con Los Corrientes.

“Yo toco acordeón ahorita porque Gerardo me lo puso como deber”. La Pepa fecunda su dulzura con los movimientos de sus manos al sostener y poner en sincronía el instrumento con la música que acompaña. Quién hubiera creído que lo aprendió a tocar hace menos de cinco años

Ya es tarde, casi las seis y el calor sigue lanzando sus esquirlas agudas en medio de la humedad. Desde la terraza de El Cubil se puede ver un remanso de bosque nativo y un fragmentito del Guayaquil urdesino. Afuera, bajo un techo de zinc, conservan el letrero hecho de focos que Los Corrientes utilizaron para grabar el video de “Cuando me empieces a odiar”, en el que la voz de la Pepa es protagonista, al igual que sus letras. Foto, foto, sonríe Pepa.

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  Música, Vida
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