Voces que nos mueven

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Un instrumento, una máquina de recordar, una reunión de músculos, neuronas, aire, fuerza y corazón. Crecimos escuchando a mujeres cantar. A nuestras mamás susurrarnos arrullos para dormir, a nuestras ídolas interpretar canciones que repetiríamos más adelante una y otra vez hasta aprendernos las letras. Hasta que nuestras voces se parezcan (en nuestras mentes) a esas voces que admiramos. La voz es un instrumento más, pero uno que llevamos inserto y que podemos modular con nuestra mente. 

En algún momento de la historia, decir “yo canto” se convirtió en sinónimo de “yo canto bien”, yo canto afinada, yo canto la música correcta, en la manera correcta. Pero cantar es un acto natural e instintivo que nos ha llevado a soltar nuestras emociones, a comunicar en otro lenguaje. 

En nuestros tiempos, las mujeres nos hemos salido de algunas ideas que hace un siglo eran ley. Por ejemplo, como cuando nos decían que teníamos que tener la voz aguda para mostrar educación y buen comportamiento. Así también, en el camino de búsqueda de igualdad de género hasta hemos bajado nuestros timbres para demostrar autoridad. La BBC contaba hace poco en una noticia, que luego de revisar las voces de inicios de siglo de mujeres hablando en la radio, se notaba la diferencia enorme del tono con el que antes hablábamos. De acuerdo al estudio, hoy hablamos en un tono más profundo y grave para sonar más “competentes”. En un mundo donde las dinámicas de poder entre hombres y mujeres van cambiando, nuestras voces agudas han tenido que modularse, qué tal. 

Pero la idea de una voz bella de mujer ha cambiado por otro lado, y aún así, nos sigue conmoviendo en tanto la voz, en tanto de mujer. Inquietada por esa sensación, conversé con tres artistas sobre lo que significa cantar. Y desde sus propias voces y las experiencias que reverberan en sus creaciones, atraje su canto para entender desde qué lugar encuentran el motor que las impulsa a hacer música con sus voces todos los días de sus vidas. 

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Encuentras tu voz y nunca se va

Ceci Juno

“Las canciones permanecerán. Nunca se van…”, canta Cecilia Jurado, aka Ceci Juno. Con el néctar de su voz, acompañada de la guitarra en sus brazos o de un piano, canta historias y se transforma sobre el escenario mientras transforma a su audiencia. Ceci no recuerda cuándo quiso ser cantante, pero sabe que desde siempre esa fue la manera esencial que encontró para comunicarse. “No tengo en mi memoria un momento específico en el que dije ‘puedo cantar’, solo sé que digo más cuando canto que cuando hablo. Ahí está lo que quiero decir en su estado más puro”. 

Esa voz suave, calma, con la precisión vocal de un reloj recién afilado, ha sido descrita como un abrigo, un lugar cálido y agradable para muchas personas que la escuchan. Un espacio desde el que pueden dejarse sentir. Ceci sabe que esto es posible porque le pasa a ella: cuando te conectas con una voz, con un timbre generas una conexión emocional. Lo valora ahora más cuando sabe que con una identidad, un “sé quién soy”, puede dar más. “Pasé una larga etapa de mi vida, pero larga, en la que yo no sabía cómo realmente sonaba yo. Cuál era mi voz. No la encontraba”. 

https://www.youtube.com/watch?v=3_rqxmxxn8A

 

Su historia, como la de tantas, empezó imitando voces, en su caso, las de las estrellas de pop de los 90. Pero una vez que decidió tomárselo en serio y seguir la música como ruta permanente, empezó a cuestionárselo: ¿Cuál es el timbre de Ceci? Así que se encontró, ya grande, con el desafío de descubrir quién era Ceci Juno. Eso se acompañó de otro descubrimiento: de que podía contar historias en su canto, de que el esfuerzo corporal -donde están en juego órganos y energía- no puede despegarse de otra lámina invisible: “Las emociones. Aparte del ejercicio melódico de cantar, estás diciendo palabras con las que probablemente tienes una asociación con ellas”, reflexiona. Mientras lo hace, empieza a recordar en voz alta lo maravilloso de expresarse con la canción desde su boca y que, pese a que eso signifique depender de tantos factores físicos para lograrlo, también tenga las reacciones de su público -lágrimas, abrazos, sonrisas largas-, un fruto maduro y delicioso (que a la vez es semilla). 


La voz también es memoria y resistencia

Ninari Chimba

Que la voz tan chillona, que se canta así, Ninari, ‘como si tuvieras una papa en la boca’. Ninari, mira de dónde sale tu voz, Ninari lee las partituras. Al igual que Ceci, Ninari fue al conservatorio. Pero en ese espacio donde había llegado a aprender, todo lo que había cantado desde niña en su comunidad, estaba mal. La afinación, mal, el traje tradicional para dar el certamen, mal. “Así hasta que dejé la música por mucho tiempo, con resentimiento”. Ninari Chimba es una mujer kichwa de Cotopaxi e Imbabura y en su familia aprendió a cantar desde bien guagüita, así como a tocar la guitarra. Pero el canto indígena es acaso mucho más agudo que lo que cantan los mestizos, uno que no combinaba con las lógicas de la ciudad. 

Cuando entonamos melodías, pocas veces nos preguntamos ¿para qué cantamos? Esta pregunta, por más trivial que parezca, Ninari la sintió fundamental para volver a conectarse con la música. En las comunidades indígenas, no cantan quienes “saben cantar” de alguna manera en particular solo porque “suene bonito”, lo hacen todas y se enseñan unas a otras, dentro de las familias. “Es una conversación. Yo canto porque quiero conversar contigo. Para nosotros, los pájaros, la tierrita, las plantas son otra persona con la que queremos conversar en su mismo lenguaje propio”. El quichua es un idioma muy dulce y que de por sí tiene un hablado más agudo que otras lenguas como el mismo español. Las mujeres como Ninari, al dejar de hablar ese idioma, vivir en las ciudades y empezar a hablar más grave “por ser más respetadas” o por entrenar una voz “redonda y afinada”, pierden la habilidad para llegar a esos agudos. 

Aunque no lo logra a la perfección todavía, en sus veintes encontró la respuesta y la razón para soltar de nuevo el instinto. Empezó a practicar otra vez, a escuchar las músicas, a preguntar. Hoy, volver a cantar con ese sonido es resistencia. “Resistencia a esa visión de que nuestra voz es chillona y que no cantamos bien, que desafinamos en las coplas. Volver a cantar agudo me teje con mi mamá, con mi abuela, porque ellas también lo hicieron y hace que vuelva a darle ese sentido espiritual a mi voz”, cuenta Ninari. 

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Crecer, elevarse y seguir creciendo

Chloé Silva

Chloé Silva es dueña de una voz con carne blanda y luminosa que, sin demasiados adornos, deambula por las ondas sugestivas del rythm & blues. Los beats que acompañan sus composiciones, marcan el recorrido de su subibaja etéreo, donde no duda en arrastrar las notas o dejarlas resbalar sin acariciar límites. Solo fluyen, se levantan, descansan en un lo-fi minimal. Too bad –el EP de cinco temas que sacó en medio de la pandemia- fue esa primera probada en la que dejó de hacer covers para formular su suerte cantando en inglés. 

Cantar porque lo sentimos es un punto de partida para luego cantar como elección de vida. Y la breve historia de Chloé Silva en la música tiene su génesis cuando empezó a cantar imitando las voces con las que creció: Ella Fitzgerald, Bjork, Fionna Apple, Daniel Ceasar, Frank Ocean, y así la lista seguirá engoradando en orden cronológico, porque Chloé, guayaquileña de 22 años, sigue creciendo. Su voz sigue creciendo. 

https://www.youtube.com/watch?v=jEmDfLCBFCU

“Siento que cambio y por eso me gusta experimentar, reinventar mi voz. Mi voz es grave cuando hablo, pero cuando canto, se eleva”. Por eso, cuando va a cantar una canción, se imagina cómo sacará su voz o desde dónde. “Voy entendiendo mi voz y modulándola, dirigiéndola. Tal vez para que suene más rasposa o más suave. Me acuerdo que en una canción sí pensé: en esta voy a sonar como una bitch, quiero que tenga todo esta actitud de cabreada y busqué una voz más gruesa”. 

Y así sentirá que suena como un saxofón, con oscuridad y cuerpo, o que vibrará en la fluidez del sonido de una trompeta. “No estoy donde quiero estar, igual sigo”, me dice, y yo le creo. Porque cuando me menciona todo lo que quiere hacer y todo lo que le gustaría incorporar, declara lo que vendrá y lo que la gente ya desde hoy espera. 

La voz es eso, un cúmulo de cosmos, pero también de visualización y poder. Desde el instinto más salvaje se mueve. Y desde la decisión -más el prueba y error en ese bombeo de sangre y oxitocina-, se levanta, se enciende, se apaga, y quien la escucha se mueve, se levanta, se enciende y se apaga con ella.

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Category:
  Música
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